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"El retraso de los pueblos precolombinos se debió a causas ecológicas"

      
"El retraso de los pueblos precolombinos se debió a causas ecológicas"
Preguntarse la razón de que fuéramos los europeos quienes descubrimos los territorios americanos, y no al revés, plantea de forma inmediata la reflexión sobre el motivo del retraso tecnológico de las culturas precolombinas con respecto al alcanzado simultáneamente en el ámbito europeo. 

El historiador del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, Hipólito Sanchiz, ha abordado esta cuestión en la segunda sesión de la Jornada Anual de Historia ‘La vieja Europa en la nueva América y la nueva América en la vieja Europa’, organizado por el propio Instituto. 

Porque, en efecto, existía, era constatable el desfase tecnológico entre ambas orillas del océano Atlántico, como ha explicado Sanchiz: “cuando los españoles llegaron a América se encontraron con un panorama en el que, junto a multitud de similitudes, había claras diferencias culturales”. 

De hecho, observado desde parámetros de clasificación cultural occidentales, como ha advertido Sanchiz, “las civilizaciones precolombinas se encontraban en una fase cultural equiparable a la Edad del Bronce cuando los españoles llegaron a América”.

Corroborado este hecho, cabe preguntarse su razón, su porqué. Detectar la excepcional diferencia intercultural causante del desequilibrio. La inexistencia de escritura precolombina, excepto para el caso Maya, muy llamativa en principio, ha sido descartada por Sanchiz como motivo fundamental “ya que la escritura no es necesaria en sí misma, sino que sólo es imprescindible para cuestiones de contabilidad”. 

Más significativo le ha parecido el hecho de que los indígenas americanos no hicieran uso de la rueda, “no por desconocimiento, ya que sí se observa la forma de la rueda en pequeñas figuras y juguetes”. 

El ejemplo de la rueda, “que no se usó con fines de transporte porque por motivos bioclimáticos no había animales de tiro”, ha puesto a Sanchiz en la pista para señalar la razón del escaso desarrollo tecnológico precolombino: “la causas de su falta de desarrollo fueron fundamentalmente ecológicas”.

Un jesuita en Alaska
Por su parte, la profesora de la Universidad CEU San Pablo, Rosario Gutiérrez, ha aportado un testimonio de la relación intercontinental entre Europa y Amércia a través de la figura del jesuita padre Llorente. El padre Llorente, como ha destacado la profesora Gutiérrez, fue un hombre que pasó cerca de treinta años en Alaska “movido por el amor a Cristo y a su Iglesia”.

De hecho, la labor del padre Llorente en Alaska tuvo un fin claramente evangelizador y, según palabras de la profesora Gutiérrez, “dio a conocer que la noticia de Dios era para todos”. Rosario Gutiérrez ha localizado esta vocación por Alaska presente en toda la Compañía de los Jesuitas y, especialmente, en el padre Llorente: “una de las singularidades que más definen a la orden de los jesuitas es que añaden un voto de obediencia absoluta y única a la autoridad papal. 

Desde esta premisa fundacional, no podían sino sentirse interpelados cuando el Papa designó a Alaska como una de las misiones más importantes y difíciles de la cristiandad”. Para esta labor evangelizadora, ha afirmado Gutiérrez, “tuvo la suerte de que la presencia anterior de los ortodoxos le allanara previamente el terreno, a pesar de que cuando el llegó aún pervivieran algunas creencias supersticiosas entre los esquimales”. 

Fue con éstos, más que con los indios, con los que más trato tuvo el padre Llorente. Aunque, como ha recordado Rosario Gutiérrez, “también existía presencia blanca en Alaska, tanto que uno de los motivos de que la presencia de religiosos allí se hiciera tan necesaria fue la llegada de grandes masas de población americana seducidas por la ‘fiebre del oro’”. 

El contacto de esquimales con blancos, ha explicado Gutiérrez, fue beneficioso en muchos caso, pero “también perjudicial en otros, sobre todo en la introducción de las bebidas alcohólicas por parte de los muchos balleneros y mineros que paraban por esas zonas”.

Sobre los escritos que sobre su vida en Alaska el padre Llorente publicaba en la Revista de las Misiones, Rosario Gutiérrez ha subrayado que “sirvieron para transmitir su entusiasmo por Alaska y para desmitificar algunas ideas que se tienen sobre esta tierra”. Tampoco desfalleció en Alaska su entusiasmo por lo español, “le gustaba, por ejemplo ‘españolizar nombres de personas y lugares’”. 

Un ‘españolear’ que según ha expuesto después el coordinador de la Jornada y del área de Historia del Instituto CEU de Humanidades Ángel Ayala, Raúl Martín Berrio,”fue bandera de los religiosos españoles para reivindicarse frente a la expansión rusa en tierras de Alaska”.
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