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El gestor cultural en el siglo XXI, una profesión en constante cambio

      
El gestor cultural en el siglo XXI, una profesión en constante cambio
El gestor cultural en el siglo XXI, una profesión en constante cambio  |  Fuente: iStock

Formación y especialización

Aunque se puede afirmar que la figura del gestor cultural ha existido desde que existe la misma cultura, ya fuera encarnado en el profesor o en el propio artista que mostraba su obra, hoy este profesional está ampliamente formado e, incluso, se especializa en determinadas áreas de su sector. Los gestores culturales pueden contar con un grado, como por ejemplo el Grado en Gestión Cultural de la Universidad de Córdoba, y después especializarse siguiendo estudios como el Curso de Especialista Universitario en Gestión Cultural y Economía de la Cultura de la Universidad de Murcia o el Máster Universitario en Gestión del Patrimonio Cultural de la Universidad de Zaragoza. También es común que el posgrado de especialización se realice después de cursar grados en Bellas Artes, Historia o un Grado en Cine y Medios Audiovisuales como el de la Universidad de Barcelona.

La especialización hace que algunos gestores culturales dirijan sus pasos hacia el marketing cultural, en algunos casos emprendiendo y creando una agencia de asesoramiento. Otros profesionales se focalizan en la gestión del patrimonio histórico-artístico, mientras que otros centran sus esfuerzos en la labor editorial. En otros casos, su interés se dirige a la planificación y dirección estratégica de actividades culturales, o a la fundación de organizaciones y fundaciones dentro del ámbito cultural, con o sin ánimo de lucro.

La cultura entendida como una industria

El gestor cultural actual sabe que dentro de su cometido, hoy es una función primordial saber gestionar desde un punto de vista económico los proyectos que desarrolle. Este profesional no solo debe estar en contacto con las tendencias artísticas y culturales del momento, sino que debe tener dotes organizativas y conocimientos contables para convertir proyectos culturales en negocios rentables, con cuentas saneadas. Organizar una exposición artística, poner en marcha un ciclo de cine o gestionar un festival de música son funciones que, obligatoriamente, requieren de un perfil capaz de cuadrar presupuestos, equilibrar cuentas o pagar nóminas. Por otra parte, el gestor cultural debe contar con la capacidad de ajustarse a plazos de gestión y puesta en marcha de los proyectos que se ajusten a distintos presupuestos y normativas.

La mediación cultural

Una de las funciones en las que el gestor cultural puede encontrar hoy más recorrido laboral es en la mediación cultural. Este desempeño es una respuesta a la necesidad que encuentran salas de exposiciones, museos o fundaciones para establecer una comunicación directa y eficiente con el público interesado en acceder a sus productos culturales. El gestor cultural, en este caso, es capaz de implementar programas de visitas comentadas, fomentar encuentros, dar acceso a áreas de interpretación en el interior de cada institución,aportar materiales, etc. En resumen, asesorar de forma individualiza al visitante, de forma que se estrechen los lazos entre las dos partes y, además, se logre fidelizarlo.


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