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Cómo lograr la escucha activa en tus clases o reuniones

      
Cómo lograr la escucha activa en tus clases o reuniones.
Cómo lograr la escucha activa en tus clases o reuniones.  |  Fuente: Shutterstock

Escuchar activamente es un ejercicio difícil que requiere práctica y conciencia sobre lo que se hace. Implica un esfuerzo sostenido que deberás comprometerte a mantener si deseas hallar el camino adecuado hacia lo trascendental de tu clase o reunión de trabajo. Además, permite realizar intervenciones reflexivas en los momentos apropiados para destacarse frente al orador. Impresiona a tus docentes, colegas, jefes o clientes y aplica estos consejos para lograr una escucha activa que repercuta positivamente tanto en tus relaciones con los demás como en las conclusiones enriquecidas que extraerás.

1. Aceptar

Juzgar es tu peor enemigo cuando buscas fomentar la escucha activa. Si no estás de acuerdo con algo, manifiéstalo pero despojándote de las opiniones preconcebidas o de tu desagrado por el orador. Nunca descalifiques un discurso, solo plantea tu visión con argumentos sólidos que por sí mismos refuten lo que tu interlocutor defiende. Los juicios condicionan la escucha activa porque bloqueas tu mente de forma irracional.

2. Mirar

El contacto visual es la demostración más sincera que un orador puede recibir, haciéndole notar que sus palabras son bienvenidas y analizadas. Esquivar la mirada o fijar la vista en otro sitio son actitudes que pueden interpretarse como falta de respeto o temor frente a una situación que te desfavorece. Sin embargo, la mirada persistente e intensa puede intimidar a quien habla, por lo cual debes asegurarte de ser sutil y medido.

3. Focalizar

Las interrupciones constantes provocan una pérdida del hilo conductor sobre el tema principal de la exposición, de modo que solo deberás intervenir cuando sea necesario. Permite que el orador sea quien guíe la conversación y céntrate en lo que está explicando, ya tendrás tiempo de transmitir tu propio discurso.

4. Respetar

Los silencios brindan tiempo para pensar en lo que se dice, puesto que en la oralidad las palabras desparecen durante su articulación y puede ser difícil mantener el sentido de una exposición larga o compleja. Si la persona se toma unos segundos para hallar términos exactos que expresen mejor sus ideas, respétalo y evita atacar con tus propias palabras. El silencio también es un aliado para calmar tensiones, reflexionando sobre los próximos pasos que se desarrollarán.

5. Preguntar

Los cuestionamientos despejan dudas porque permiten explayarse sobre un punto particular. Son un vehículo para solicitar más detalles sobre un tema, reforzar una visión, desentrañar un discurso y brindar la oportunidad de aclarar puntos que no fueron suficientemente explicados. Sé cuidadoso con las preguntas que inician en “por qué…”, pues podrían provocar una actitud defensiva en la persona que está hablando.

6. Resumir

Realizar un resumen sobre lo que acabas de escuchar es una herramienta para asegurarte de que comprendiste los puntos más importantes. El orador podrá corregirte cuando tu entendimiento se desvíe de su foco de atención y serás capaz de llegar al eje de la exposición. Por otra parte, chequear tu comprensión es un arma para construir argumentos válidos a favor o en contra de lo que se está diciendo.

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