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Saber lo que gana tu jefe ¿puede hacerte más productivo?

      
Saber lo que gana tu jefe ¿puede hacerte más productivo?
Saber lo que gana tu jefe ¿puede hacerte más productivo?  |  Fuente: Shutterstock

Aplicar la ley del silencio respecto a los salarios de los distintos profesionales es una práctica común en las empresas españolas. Esta idea se basa en que cada empleado debe conformarse con ganar lo que considere adecuado para las tareas que desempeña, sin preocuparse por lo que obtienen los demás. El principal problema en torno a este silencio es que las dudas y cuestionamientos vinculados a esta temática pueden generar espacios de tensión, que podrían resolverse con una simple cifra.

En muchas ocasiones el jefe se encuentra demasiado inmerso en sus tareas cotidianas y no puede percibir que algunos empleados disfrutan del día a sus anchas mientras otros se esfuerzan al máximo por terminar todas las tareas asignadas. Entonces ¿Por qué no podemos saber lo que ganan nuestros compañeros? ¿No sería “justo” conocer esa cifra? Si sabemos lo que hacen y lo que no… ¿Cuál sería el problema de saber lo que ganan por esas tareas?

La situación se vuelve aún más tensa cuando nuestras dudas se dirigen hacia la remuneración que obtiene nuestro superior, y, proporcionalmente, la ley del silencio se vuelve todavía más firme. ¿Por qué no podemos saber lo que gana nuestro jefe? ¿Es para evitar solicitudes de aumento del sueldo? ¿Cuál sería el inconveniente en conocer el salario que recibe un superior? ¿Qué pasa si esa simple cifra puede motivarnos a trabajar aún mejor? Como la motivación y la indignación están solo a un paso de distancia, en esta nota analizaremos los distintos escenarios que una revelación de este carácter podría generar en un empleado promedio.

  • Cuando el conocimiento permite el crecimiento: Empleados motivados

Las asimetrías no siempre son malas o injustas, y en determinadas ocasiones pueden ser incluso extremadamente necesarias. Las jerarquías existen para mantener el orden dentro de cualquier tipo de organización, y las empresas no se encuentran exentas de esta necesidad fundamental para mantener un correcto funcionamiento basado en una adecuada división de tareas y responsabilidades. Por lo tanto, es completamente comprensible que una mayor cantidad de trabajo implique una remuneración más alta.

El hecho de que los empleados sean conscientes de esta realidad puede parecer innecesario en determinadas ocasiones, pero resulta más beneficioso de lo que tradicionalmente se puede llegar a pensar. Esta no es una cuestión subjetiva, o psicológica, sino que se encuentra respaldada por las conclusiones de varias investigaciones y estudios. Por ejemplo… Un docente del Middlebury College comprobó que enseñando a todos los trabajadores el salario de sus compañeros, determinado grupo se esforzó hasta mejorar notoriamente su productividad, buscando alcanzar una compensación económica similar a la de sus compañeros y ocasionando así grandes beneficios para la empresa empleadora.

Como si fuera poco, más allá del demostrado aumento en la motivación de los trabajadores, el hecho de conocer en profundidad la realidad de nuestro entorno laboral más cercano puede redundar en una mayor igualdad dentro de la oficina. Así lo demostró un estudio realizado de manera conjunta por la Universidad de Cornell y la Universidad de Tel Aviv, que no solo logró demostrar que el secreto respecto a los salarios se asociaba a una baja productividad en los trabajadores, sino que también lograron vincular esta asimetría de información con un aumento en la discriminación de género en el ámbito laboral. De acuerdo a estos investigadores, la transparencia informativa respecto a los salarios podría reducir notoriamente las diferencias en las remuneraciones basadas en el género, lo que resulta fundamental para eliminar de manera definitiva la brecha de género.

  • Cuando el conocimiento impide el crecimiento: Empleados indignados

Un paso más allá del límite informativo en el que todos se sienten a gusto se encuentra la indignación. Algunas posturas sostienen que revelar los datos de la remuneración que recibe cada empleado puede resultar contraproducente y provocar, en la mayoría de los casos, situaciones de indignación y reproche que afectan el trabajo diario y reducen la productividad de los empleados.

Un informe elaborado por Adecco en el año 2015 reveló que, en comparación, un directivo medio recibe casi el triple de salario que un trabajador promedio. Considerando estas asimetrías, reales e incluso extremadamente necesarias para mantener el orden jerárquico de la empresa, surgen la mayoría de los pactos de silencio -explícitos o no- que rigen la política de las instituciones actuales. El Institute for Women’s Policy Research estudió esta realidad en Estados Unidos, elaborando en el 2011 un informe que reveló que prácticamente la mitad de las empresas estadounidenses recomendaban no discutir temas salariales en la oficina, aplicando incluso medidas de castigo para los desobedientes.

  • Cuando la motivación o la indignación no dependen solo del dinero

Porque sabemos que el dinero no lo es todo, y que hay otras variables que pueden influir en estas reacciones tan positivas o perjudiciales para las empresas, nos gustaría plantear una tercera posibilidad.

La motivación debe construirse día a día, generando hábitos de trabajo saludables tanto para los empleados como para las empresas, y animando constantemente a los trabajadores a crecer tanto en el ámbito personal como en el laboral. Recompensar la productividad únicamente con dinero es una medida mercantilista que, a la larga, únicamente traerá más exigencias de aumentos salariales y conflictos internos que productividad para la empresa.

Existen distintos medios alternativos para mantener la indignación controlada, motivando a los trabajadores mediante reconocimientos hacia su trabajo, que también harán aumentar la productividad pero sin generar ningún tipo de conflicto como puede ocurrir con una apertura de los pactos de silencio que rodean a los salarios. La comunicación interna se presenta como una de las mejores herramientas para lograr este objetivo: el reconocimiento público hacia la productividad de empleados, departamentos o equipos de trabajo puede lograr que los egos se calmen y la productividad salga a flote.

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