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Acoso escolar: 1 de cada 4 alumnos sufre violencia en las aulas

      
Acoso escolar: 1 de cada 4 alumnos sufre violencia en las aulas

Pilar Vecina y José Antonio Molina

Tras años de experiencia impartiendo conferencias, talleres en colegios e institutos, José Antonio Molina y Pilar Vecina, ambos psicólogos, han escrito el libro 'Bullying, Ciberbullying, Sexting... ¿Cómo actuar ante una situación de acoso?', que llegará a las librerías el próximo mes de octubre.

¿Cuándo una broma entre niños pasa a ser un caso de violencia escolar?

Ante esta pregunta, es importante matizar la persistencia en el tiempo, uno de los indicadores primordiales que hay que tener en cuenta a la hora de diagnosticar un caso de esta índole. Debemos preocuparnos cuando estas bromas de mal gusto o los motes, aparentemente inocentes, son reiterados y se repiten de forma sistemática.

¿Cuál es el porcentaje de acoso escolar en las aulas españolas?

La prevalencia es bastante significativa. Estamos hablando de 1 de cada 4 alumnos sufre algún tipo de violencia, ya sea física, psicológica, social o verbal. Es de vital importancia la intervención en los centros educativos, trabajando en tres pilares básicos: alumnos, profesorado y familia.

¿Cómo pueden los padres detectar que su hijo está sufriendo acoso en el colegio?

Esta es una cuestión muy importante que trabajamos en las escuelas de padres. Existen ciertos indicadores que nos alertan de que algo no va bien en la vida de nuestro hijo y que, inevitablemente, “dan la cara” mediante cambios significativos en la víctima. Dichos cambios son físicos/somáticos (dolor de estómago, pérdida de peso…), psicológicos (sentimiento de culpabilidad, disminución de la autoestima…), sociales (aislamiento, resistencia a salir de casa…) e incluso se llegan a modificar o perder hábitos que la persona había adquirido previamente.

¿Cómo hay que actuar ante la sospecha?

Este es un paso importante y, a la vez, complicado, ya que los padres que vemos en la consulta dicen no saber cómo actuar. Es imprescindible mostrar respeto y crear un clima de confianza, asegurándole a nuestro hijo que vamos a luchar para que todo cambie. No debemos juzgarle y hay que promover la comunicación mediante preguntas abiertas. El siguiente paso es ponernos en contacto con el centro y, en paralelo, buscar un profesional de la salud para que intervenga de forma inmediata con nuestro hijo, pudiendo prevenir posibles afectaciones futuras.

¿Es bueno apartar al niño de las clases o incluso cambiarlo de colegio?

Sinceramente, no es justo que la persona que está siendo agredida sea también la que tenga que dejar su entorno escolar. En consulta, un chico de 12 años, nos comentaba que quería seguir en el centro porque los profesores eran buenos. Los centros educativos son, en parte, responsables de llevar a cabo determinadas acciones que figuren dentro de su proyecto educativo, con la finalidad de prevenir la violencia en las aulas y mejorar la convivencia escolar. No obstante, en nuestro libro, alegamos una serie de intervenciones tanto con el agresor y su grupo de matones, como con la víctima, en el propio centro escolar.

Normalmente nos centramos en la “víctima y el verdugo” pero ¿qué pasa con el resto de compañeros? ¿Son realmente conscientes de la situación?

Esta pregunta no se puede responder con un sí o un no rotundo. De lo que somos conscientes en nuestras charlas y talleres de sensibilización y concienciación de violencia en las aulas, es que existe la figura de los testigos, que al no hacer nada y ser conocedores de la situación, se convierten en cómplices del agresor. ¿Por qué no hacen nada? Nuestra experiencia nos dice que, tal vez, por miedo a las represalias que pueda llevar a cabo el verdugo, si se intenta defender a la víctima.

Indaguemos un poco sobre el papel del acosador, ¿cómo elige a su víctima y por qué?

A día de hoy, no se puede asegurar que haya unos criterios de selección establecidos. En algunos estudios que hemos llevado a cabo en colegios, hemos detectado que, el llevar algún elemento diferenciador, como pañuelo, ser de diferente color o nacionalidad, pueden ser algunas causas, pero, como hemos dicho anteriormente, cualquier cosa vale para poner a una persona en el blanco de la diana.

¿Qué rasgos característicos tienen las personas que maltratan a sus compañeros?

Existen una serie de factores de riesgo como por ejemplo, ausencia o rigidez en los límites impuestos por los padres. Además, carecen de habilidades sociales, de capacidad de negociación y resolución de conflictos. Su temperamento es hostil y tienen necesidad constante de reconocimiento. Suelen ser impulsivos y tener una baja tolerancia a la frustración y especialmente les cuesta empatizar con la víctima, etc.

¿Cuáles son las consecuencias psicológicas que puede acarrear esta situación para la víctima?

Suelen ser muy graves y las secuelas, sin una buena intervención pueden perdurar toda la vida. Lamentablemente, en los casos más graves se llega al suicidio. Algunos trastornos que pueden desarrollarse son depresiones, síndromes ansioso-depresivos, e incluso trastornos de estrés postraumático. La autoestima de la víctima es otro área que se ve seriamente afectada.



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