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Los rankings de universidades pueden ser muy útiles... O no

      
Los rankings de universidades pueden ser muy útiles... O no.
Los rankings de universidades pueden ser muy útiles... O no.  |  Fuente: Shutterstock

Los rankings de universidades son listas en las que se clasifican universidades de acuerdo a una determinada metodología, atendiendo a criterios de puntuación variados. Existen dos tipos fundamentales de rankings: los globales, que evalúan el desempeño de las universidades en varias áreas para luego asignar a cada una un puntaje y por lo tanto a cada centro un lugar en la tabla; y los que las organizan por área de conocimiento o de estudios, y por lo tanto permiten encontrar la mejor universidad para estudiar Ciencias, Matemáticas, Biología o lo que se desee.

Desde hace algunos años su autoridad ha sido considerada como absoluta e irrefutable, pero con el tiempo algunas voces opositoras aparecieron, con motivos firmes que cuestionan la eficacia y utilidad de estos rankings. Por eso hoy queremos analizar todas las posturas en este debate.



Posturas a favor de los rankings:

El argumento más evidente para la defensa de la permanencia y aplicación de estos rankings se vincula a las facilidades que ofrecen al momento de tomar decisiones inmediatas para el futuro educativo. Cuando un alumno debe elegir una universidad, una carrera o un país para estudiar en el extranjero, los rankings juegan un papel fundamental en su elección, con el que probablemente podrán inclinar la balanza en favor de una opción u otra.

Un segundo argumento a favor de esta herramienta es el hecho de que fomentan la competitividad entre los alumnos y las mismas universidades, pues todos quieren asistir al mejor centro o precisamente ser el mejor centro.

Para las universidades los rankings son útiles pues les permiten generar una mejor imagen frente a sus propios estudiantes, egresados y a sus futuros estudiantes. Al mismo tiempo, los alumnos se favorecen pues las universidades querrán aparecer en estos rankings y por lo tanto invertirán en infraestructura, investigación y docencia para escalar posiciones y mejorar su competitividad.

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Posturas críticas respecto a los rankings:

La principal crítica hacia los rankings de universidades es debido a su carácter generalista, en el que se entiende son más valoradas las investigaciones realizadas en el correr de un año que la labor llevada a cabo por los docentes cada día.

Quienes se oponen a este tipo de mediciones argumentan que son mejor valoradas las universidades que poseen determinadas características, ocasionando así un detrimento de las características opuestas. Por ejemplo, al valorar de mejor forma las publicaciones en inglés, de alguna forma se devalúan las realizadas en español; o al preferir las carreras de Ciencias se quita valor a las de Humanidades.

Los expertos en educación entienden que, en la búsqueda por pertenecer al grupo selecto de universidades que forman parte de estos rankings, los centros se basan en la idea de venderse como buenos en todos los aspectos en lugar de centrar sus esfuerzos en lo que son realmente buenos. De este modo, la generalización le gana a la especialización y los estudiantes pierden la posibilidad de alcanzar una formación sólida centrada únicamente en su área de interés a causa de la inclusión de  materias y conocimientos generales que solo aportan al beneficio de la universidad.

En algunos casos, incluso se ha llegado a plantear que el hecho de poseer un título de una universidad de prestigio ha jugado una mala pasada a egresados en busca de empleo. Al parecer, poseer un título oficial de Harvard, Cambridge, Oxford, etc. hace que los reclutadores se centren en la universidad de la que provienen y no en los individuos. Por ello, algunas de las grandes empresas del Reino Unido han llegado a ocultar la universidad de la que proviene el candidato en determinados procesos de selección, para permitir a sus reclutadores una mayor objetividad y asegurar que todos los candidatos posean las mismas posibilidades de ser admitidos independientemente del centro en el que se formaron.  



La postura de las universidades:

En líneas generales, podríamos decir que las universidades que figuran en estas mediciones apoyan la existencia y el uso de rankings de universidades como método para facilitar la decisión de los estudiantes a la hora de escoger una universidad. Como contrapartida, aquellas que no logran alcanzar este status acostumbran manifestarse en contra argumentando que las exigencias son demasiado altas o que no se toman en cuenta todos los aspectos que deberían considerarse a la hora de realizar estas publicaciones.

Sin embargo, no todo es blanco o negro. Desde hace algunos años las mismas universidades han comenzado a cuestionarse la utilidad de los rankings, e incluso a plantear la posibilidad de modificar su metodología de construcción. En este sentido, debemos decir que cada vez más universidades solicitan que se tome en cuenta la opinión de los estudiantes por encima de la de los docentes, o que se evalúe más lo enseñado y la satisfacción de los egresados que la obtención o no de un empleo a unos meses del egreso.

En cierto modo, algunas universidades entienden que la calidad de su enseñanza no logra plasmarse con un quinto, décimo o vigésimo puesto en un listado de centros educativos agrupados en torno a variables generalistas y alejadas de la realidad.

La educación a distancia también tiene su lugar en la lista de reclamos de las universidades, pues en algunos casos estas entienden que la competencia no es justa. Si Yale o Stanford ofrecen la posibilidad de adquirir un título universitario a distancia... ¿Qué pueden ofrecer las universidades locales? ¿Cómo logran atraer la atención de estos estudiantes, si pueden obtener un título de una de las supuestas mejores universidades del mundo sin salir de su casa? ¿Cómo convencerlos de apuntarse a una presencial? Mientras tanto, el número de alumnos de Yale o Stanford seguirá creciendo, al igual que su número de egresados e investigaciones realizadas, y por lo tanto también su puntaje en los rankings.

La crítica más fuerte se presenta quizá por parte de las universidades que no logran acceder a estos rankings. Por ejemplo, en Estados Unidos hay cerca de 4.000 universidades, de las cuales menos de un 10% se dedica a la investigación y por lo tanto pueden acceder a estas clasificaciones… ¿Qué pasa con el resto? ¿El 90% de las universidades estadounidenses son malas? ¿No merecen que ningún alumno se inscriba en ellas? La realidad es que no cumplir con una cuota anual o mensual de investigaciones publicadas no es exactamente lo mismo que no saber enseñar, o que no tener los medios para hacerlo. Simplemente existen centros que no se dedican a las mismas áreas de trabajo que las grandes universidades… ¿Por eso son malos?

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En definitiva...

¿Son útiles los rankings de universidades? El debate está planteado, con posturas de todo tipo. Pero las respuestas son un poco más difíciles de obtener.

La utilidad será tal de acuerdo a quién lo evalúe. Para un estudiante recién egresado de Bachillerato que desea encontrar una universidad a la que asistir pero no tiene claro cuál es su mejor elección los rankings de universidades serán realmente útiles. Sin embargo, algunos le dirán a este estudiante que lo mejor sería tomar esta decisión basándose en la opinión de sus colegas y no de docentes; o en cifras que reflejen la cantidad de alumnos que abandonan esa universidad en el año y las razones que tienen para hacerlo en lugar de simplemente mirar los números que indican cuántos estudiantes se apuntaron al centro.

A modo de conclusión podríamos decir que, tanto para la universidad como para los estudiantes, la utilidad o no de esta herramienta será tal si realmente funcionan de acuerdo al objetivo con el que fueron creados: el incentivo de mejorar.

Directores, docentes, egresados, estudiantes y la comunidad educativa en general deben utilizar los rankings como un reflejo de lo que una universidad es, pero nunca como un reflejo total o estático sino como uno que puede y debe modificarse partiendo del análisis de aquellos aspectos en los que el centro es calificado de manera negativa, y del fortalecimiento de los puntos destacados como positivos.


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