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No debes pensar objetivos para el nuevo año, lo dice la ciencia

      
No debes pensar objetivos para el nuevo año, lo dice la ciencia.
No debes pensar objetivos para el nuevo año, lo dice la ciencia.  |  Fuente: Shutterstock

Cuando diciembre llega y las fiestas están a la vuelta de la esquina, las redes sociales se llenan de análisis y balances un poco forzados de lo que dejó el casi finalizado año. Público o no, todos en determinado momento hacemos un repaso de lo que nos pasó, lo bueno y lo malo, lo aprendido y lo que nos quedó pendiente. Parece ser que la inminente llegada de un nuevo año debe alcanzarse con las cuentas claras.

Pues bien, de acuerdo a la ciencia, todos estos años hemos fallado en nuestras tareas de fin de año. En realidad, no deberíamos hacer estos balances buscando cambiar la pisada en el próximo año, ni proponernos nuevos objetivos para la etapa que comienza. Lo recomendable, de acuerdo a los expertos, es sencillamente evitar todo tipo de planificaciones y objetivos del tipo imperativo.

No me lo digas, en tu lista de “planes para el 2017” plasmaste en letras tus ganas de culminar la carrera y por fin graduarte, encontrar un empleo, mudarte de casa de tus padres y, si no es mucho pedir, encontrar una persona que entienda y apoye todas tus decisiones… Pues suena bien, pero de hecho es completamente innecesario. Es más, deberías saber que es un error.

De acuerdo a los investigadores de la Universidad estatal de Washington, la Universidad de California Irvine, la Universidad Estatal de Nueva York, la Universidad de Idaho y la Universidad de Albany, la rutina ideal para recibir un nuevo año no es cargar al cerebro con imposiciones, retos y planes lejanos, sino interrogarlo de forma amable. Así es, para comenzar un nuevo año el mejor de los planes es hacerse preguntas y generarse dudas, evitando las aparentes certezas que habitualmente colocamos en nuestras expectativas para el año próximo.

La clave está en el tipo de interrogantes que nos formulemos. Estas no deben ser del tipo acusatorio como “Este año terminaré la carrera” sino más bien del tipo conciliador, como “¿Pondré  todo mi esfuerzo este año para terminar la carrera?”. La clave, de acuerdo a estos investigadores, está en no hostigar al cerebro ni sobrecargarlo con tareas y culpas antes de tiempo, pues esta actitud solo logrará desmotivarlo. Buscar la conciliación e interrogarlo de forma más positiva generará en él la motivación necesaria para emprender una tarea que no le resultará pesada o abrumadora sino amable y fácil de comprender.

La duda, antes que la afirmación, permite a la persona considerar cuán beneficioso puede ser para su vida concretar ese hecho. En cambio, una afirmación forzada solo llevará a aborrecer la tarea en cuestión. Aquellos que prefieran proponerse “Este año conseguiré un ascenso” en lugar de “¿Podré este año conseguir el ascenso que quiero?” solo lograrán generar en su cerebro cierto sentimiento de odio para con el trabajo y la mencionada promoción, atrayendo así reacciones negativas ante el evento.

Estas conclusiones surgen de una investigación que lleva abierta más de 40 años y se basa en más de 100 estudios que examinan el efecto de la pregunta en el comportamiento. Así que, quizá es hora de que hagas a un lado esa lista imperativa de objetivos para el próximo año, o de que ni siquiera pienses en proponerte tareas, sino que te cuestiones acerca de esas metas y tus ganas de alcanzarlas.


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