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PatrocinadorEl ejercicio que garantizará el éxito profesional de las mujeres

El ejercicio que garantizará el éxito profesional de las mujeres

      
El ejercicio que garantizará el éxito profesional de las mujeres.
El ejercicio que garantizará el éxito profesional de las mujeres.  |  Fuente: Shutterstock

Con el surgimiento de los estudios de género, la expresión “techo de cristal” se posicionó como una de las más recurrentes a la hora de hablar sobre el desarrollo laboral profesional de la mujer. La misma refiere a una especie de obstáculo invisible, una limitación latente pero no visible que condiciona el crecimiento de las mujeres en el mundo laboral. Este denominado techo de cristal hace referencia a sentimientos, actitudes y prejuicios que las propias trabajadoras poseen acerca de sus capacidades, y no a disposiciones legales, condicionantes sociales o laborales que impidan su acceso a empleos de jerarquía.

A pesar de las políticas internacionales que buscan la incorporación de las mujeres a puestos de dirección, de la multiplicidad de planes de estudio específicamente dirigidos a lograr este objetivo, y del propio impulso del género femenino para colocar a sus congéneres en puestos de mando, este techo de cristal continúa latente en pleno 2016. Al impedir el acceso de las mujeres a los cargos de jerarquía que habitualmente ocupan los hombres, se incrementa la denominada “brecha de género”. Terminar con este fenómeno es, por lo tanto, crucial para el desarrollo femenino; pero también para alcanzar una mejora del mercado laboral mundial, fomentando la inclusión e igualdad de oportunidades.

En busca de terminar con este denominado techo de cristal, que condiciona a las mujeres cargándolas de dudas sobre sus propias capacidades y condiciona su éxito, las investigadoras Zoe Kinias y Jessica Sim realizaron un estudio con el que lograron desarrollar un ejercicio que promete acabar con este obstáculo. Su investigación, publicada en la Harvard Business Review, marca la importancia de reflexionar y conocer los valores y las capacidades personales para despejar ese sentimiento de duda.

Tomando como objeto de estudio a un grupo de más de 800 estudiantes de MBA de una escuela internacional de negocios, las investigadoras pusieron en marcha su ejercicio: Una parte de estos estudiantes debía plasmar en papel una reflexión sobre sus valores personales y aptitudes más destacadas; mientras tanto, el resto del grupo haría lo mismo pero reflexionando sobre valores más abstractos, como los institucionales o los valores mejor valorados socialmente. Luego de reunir los trabajos de ambos grupos, se elaboró una presentación que fue exhibida en una clase, y posteriormente antes del período de exámenes, para finalmente elaborar las conclusiones del experimento.

Al finalizar el período de exámenes, la prueba realizada sobre los estudiantes demostró tener impacto sobre las calificaciones del grupo. Aquellos MBA que reflexionaron acerca de sus propios valores lograron mejores calificaciones en sus pruebas, además de reducir la diferencia de calificaciones entre hombres y mujeres, aumentando notoriamente las del género femenino de modo que prácticamente se redujo a cero el desequilibrio existente entre ambos sexos.

¿Qué se puede concluir de este sencillo ejercicio? Que la reflexión sobre las propias capacidades tiene impacto en la brecha de género, pues implica el desarrollo de procesos psicológicos complejos. Especialistas de todo el mundo han indicado en numerosas ocasiones que aquellas personas pertenecientes a grupos devaluados por condiciones de edad, raza, género o cualquier otra variable acostumbran adoptar ese sentimiento de inferioridad e incapacidad que se les adjudica.

En el contexto académico, las mujeres de todo el mundo pueden fácilmente observar cómo su género ha sido relegado a carreras educativas estereotipadas como “carreras de mujeres”. Del mismo modo, existen cargos profesionales que cargan con el estigma de ser “cargos para hombres”, pues tradicionalmente han sido ocupados por profesionales del género masculino. Observar esta realidad puede, de acuerdo a los psicólogos, ocasionar la interiorización y aceptación de la situación, fortaleciendo esa devaluación femenina que genera la brecha de género.

Este círculo vicioso, en el que las mujeres se sienten disminuidas porque no acceden a puestos laborales de prestigio, los que las excluyen precisamente por ese sentimiento de inferioridad, puede terminar con una simple reflexión. Esto es lo que han demostrado Zoe Kinias y Jessica Sim con su ejercicio, que garantiza que la consideración de los valores y capacidades tanto personales como profesionales puede terminar con el techo de cristal que condiciona el crecimiento femenino. Con este simple ejercicio las mujeres ganarán en autoestima, acercándose así al éxito laboral y profesional que desean alcanzar.


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