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Entrevista

“España es uno de los países más envejecidos del mundo, de modo que los mayores de 65 años representarán el 40% de la población”

      
“España es uno de los países más envejecidos del mundo, de modo que los mayores de 65 años representarán el 40% de la población”

Santiago Cambero Rivero

Nacido en Badajoz, Santiago Cambero Rivero es licenciado en Derecho y Sociología. Actualmente es miembro del cuerpo docente de la Universidad de Extremadura.  

  • En el país, ¿qué tanto va a aumentar la población de la tercera edad en 35 años?

Según los datos del INE (2012), las tendencias demográficas actuales llevarían a España a perder una décima parte de su población en 40 años, de modo que el 37% de la población será mayor de 64 años en 2052. España es uno de los países más envejecidos del mundo, de modo que los mayores de 65 años representarán el 40% de la población. Tanto las tasas de natalidad y mortalidad como el saldo migratorio determinan el contexto de envejecimiento demográfico que caracteriza a nuestro país junto a países como Japón o Italia. 

En cuanto a la natalidad, se continuará registrando un paulatino descenso de los nacimientos en nuestro país, de modo que en 2021 nacerían 375.159 niños, casi un 20% menos que en el último año, y hasta 2031 se registrarían 7,7 millones de nacimientos, un 9% menos que en los últimos 20 años. 

De mantenerse los ritmos actuales de reducción de la incidencia de la mortalidad por edad sobre la población española, la esperanza de vida al nacimiento alcanzaría los 86,9 años en los varones y los 90,7 años en las mujeres en 2051 (con un incremento de casi ocho años y de seis años, respectivamente). Por su parte, la esperanza de vida a los 65 años aumentaría a 24,0 en los varones y a 27,3 en las mujeres, casi seis y cinco años más que en la actualidad, respectivamente. 

En cualquier caso, una estructura demográfica cada vez más envejecida produciría un continuo crecimiento del número anual de defunciones. Así, en los próximos 40 años morirían en España unos 17,9 millones de personas, un 34% más que en los últimos 40. Con todo ello, el saldo entre nacimientos y defunciones entraría en una dinámica continuamente decreciente. De hecho, estos resultados nos ofrecen una perspectiva de crecimiento natural negativo desde 2018, lo cual aceleraría el declive poblacional. 

Más población en edad avanzada, es nuestro futuro demográfico. España es senescente hoy, mañana seremos un país de viejos y viejas. 

 

  • ¿Los jóvenes del país están preparados, en cuestión económica, de salud, previsión, emociones, para la vejez? 

Será necesario que los jóvenes en nuestro país estén preparados para convivir con personas de otras edades y generaciones, especialmente con un segmento creciente de población de 65 y más años. Su preparación en tal sentido, debe realizarse desde las primeras etapas educativas, mediante una pedagogía que nos eduque a favor de la convivencia intergeneracional. El entendimiento sobre el proceso de envejecimiento y la vejez permitirá que envejezcamos con mayor conocimiento. De ahí la necesidad de diseñar materias curriculares de conocimiento sobre la vida humana, para saber cual será nuestra evolución personal a medida que cumplimos años con hábitos de vida sanos y saludables.      

El aprendizaje a lo largo de la vida es un desafío para la sociedad actual, donde todas las personas deben tener la posibilidad de formarse, dentro y fuera del sistema educativo, con el fin de adquirir, actualizar, completar y ampliar sus capacidades, conocimientos, habilidades, aptitudes y competencias para su desarrollo personal y profesional. 

 

  • ¿Cómo será la calidad de vida a la que se enfrentarán? 

No me atrevo a pronosticar que calidad de vida disfrutarán los jóvenes en próximos decenios en nuestro país, pero espero que el principal problema social que afecta la población activa actual, el desempleo, sea una anécdota en un país que sepa aprovechar su capital humano en un mercado de trabajo competitivo e innovador, a escala global. Así, se evitará el fenómeno de la fuga de cerebros tras años de formación de tantos jóvenes de hoy en las universidades españolas, y que conllevará consecuencias graves en los próximos años, desde el punto de vista demográfico y económico. Los jóvenes son el presente y el futuro, como cualquier otra generación, y debe estar integrada plenamente en la dinámica societaria, como ciudadanía que puede ejercer sus derechos fundamentales (educación, trabajo, vivienda, sanidad,…).  

 

  • ¿Se están tomando las medidas necesarias por parte de la administración pública para atender a ese sector en el futuro? 

Cada gobierno, según su orientación ideológica, acuerda unas políticas públicas relacionadas con las personas mayores, con unos criterios u otros, con sus aciertos y errores, como se ha demostrado en los últimos años en España. Desde unos ayuntamientos que están perdiendo competencias en atención a personas mayores hasta administraciones autonómicas que reducen prestaciones sociales y económicas para la dependencia. Sin duda la atención socio-sanitaria será una pieza estratégica para lograr el máximo bienestar general en nuestro país, a tenor de los datos demográficos indicados con anterioridad, bien ofertando bienes y servicios públicos desde las propias administraciones, o bien concertándolos con entidades no lucrativas del Tercer Sector especializadas en tal ámbito de intervención socio-comunitario.  

Por consiguiente, considero necesario desarrollar la Ley de Dependencia como un derecho fundamental y reforzar la sostenibilidad del sistema público de pensiones, para compensar a las personas tras años de esfuerzo laboral. Hay que dignificar la vejez a través de políticas públicas de envejecimiento activo ofreciendo oportunidades de seguridad, salud y participación, como un asunto de Estado. 

 

  • ¿Cuáles son los principales problemas que enfrenta el sector de la tercera edad en el país (falta de oportunidades, abandono, etc.) y qué tanto cambiarán en el futuro? 

Todos los datos de estudios consultados indican que los adultos mayores de hoy tienen más calidad de vida si se las comparan con generaciones anteriores en este mismo tramo de edades, aunque la soledad y la inseguridad económica continúan siendo los problemas principales que afectan a quienes tienen 65 y más años en España. Se encuentran más satisfechos con sus vidas en general, dada las atenciones que reciben de sus familiares y los sistemas de protección social en cuanto al consumo de recursos sanitarios para mantener un estado de la salud adecuado. 

Diversos autores han investigado sobre los factores de la vida que son considerados importantes para la calidad de vida por las personas de edad, encontrando como variables más importantes las relaciones familiares y contactos sociales, la salud general, el estado funcional, la vivienda y la disponibilidad económica (Azpiazu Garrido, 2002). La calidad de vida viene dada por el grado de satisfacción alcanzado por la persona con las oportunidades que le ofrece la vida y lo conseguido en aquellos aspectos que tienen importancia. Así, los adultos mayores necesitan continuar siendo productivos y contribuir activamente en el desarrollo de sus entornos familiares y comunitarios, en éste último mediante la acción de voluntariado u otro tipo de actuaciones similares a favor del bienestar general. El autodesarrollo y las relaciones interpersonales son parte de un envejecimiento satisfactorio (Rowe y Kahn, 1987) en nuestros días. La vejez como una etapa de proyectos vitales compartidos con otras personas en una sociedad para todas las edades y generaciones (ONU, 2002). 

Así, considero que está pendiente una transformación en la mentalidad de los españoles y el resto de europeos durante el siglo XXI, en aras a reconocer y valorar el papel social de tantos mayores en la actualidad, amortiguando los efectos de la crisis económica en muchas familias en riesgo de pobreza desde el año 2008. La ciudadanía sénior será un segmento de la población española importante desde el punto de vista socio-demográfico, que aporte un capital social aprovechable para lograr mayores cotas de bienestar general. De ahí, que las personas mayores si toman conciencia de su función social en sus barrios, pueblos y ciudades, serán un agente de cambio social necesario a favor de la solidaridad intergeneracional. 



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