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Entrevista

"Los derechos a un ciberespacio más democrático, abierto, accesible y, la correspondiente alfabetización digital son condiciones de una plena ciudadanía en nuestra época", opinó José Francisco Álvarez Álvarez

      

José Francisco Álvarez Álvarez

Doctor en Filosofía y Catedrático de Lógica y Filosofía de la Ciencia en la UNED, de la que fue profesor y vicerrector de Investigación y de relaciones internacionales e institucionales. Investigador Asociado en el Darwin College, Cambridge, UK e investigador con Cátedra Patrimonial de Conacyt, México. Es Miembro del Comité Editorial de Universia España

  • ¿Qué significa ser ciudadano hoy en día?

En mi opinión no se trata tanto de definir qué sea hoy ser ciudadano, sino de analizar algunos rasgos distintivos que delimitan ciertas características mínimas para que un ser humano pueda ser considerado ciudadano, adquiera el estatus de ciudadano. Para empezar no podemos obviar que ser ciudadano con frecuencia es un reconocimiento que el Estado y diversas instituciones otorgan a determinados individuos como sujetos de derechos y deberes. Aparecen los ciudadanos como un subconjunto de los seres humanos que habitan en un país, conformado precisamente por quienes tienen reconocidos los derechos (para empezar la nacionalidad). No parece fácil en el mundo de hoy ser reconocido como ciudadano al margen de los Estados.

Sin embargo lo más interesante en esta etapa de globalización es que tomemos consciencia de que vivimos en un planeta con límites claros y con amenazas importantes, para defender una noción de ciudadanía global entendiendo a todos los individuos como sujetos de derechos y con valores en tanto que seres vivos. Por ejemplo los más de sesenta millones de desplazados que se han producido en el último año en el planeta, coloca la defensa de la ciudadanía global en un espacio que se confronta con la buena voluntad y las intenciones pías, y lo coloca en el seno de la política internacional y en la distribución internacional del poder.

En este sentido la presencia de organismos internacionales, el avance hacia la justicia universal, la declaración universal de los derechos humanos y el reconocimiento evolutivo de los derechos son elementos claves para el entendimiento del ser ciudadano hoy. En todo caso junto a las tendencias globalizadoras también es fundamental considerar que el individuo se conforma en sociedad, su conformación plena como ser humano depende de las redes de sociabilidad que comparte y que, con independencia del régimen político en el que viva, debería ser considerado como agente moral sujeto inviolable, que no debe ser sometido a violencia ni tratamiento degradante y al que debe reconocerse un inviolable espacio íntimo de comunicación con otros.

Por lo tanto son diversas las componentes de la ciudadanía. Una, muy importante, es la de ser considerado sujeto de derechos y tener reconocidos, en primer lugar, derechos políticos. Otra característica es la de conseguir ser considerado un agente moral con valores y objetivos inmediatos y a largo plazo. En este aspecto en mi opinión no se es ciudadano cuando se es subdito de un poder autoritario. Por tanto hay una primera batalla a dar: conseguir el reconocimiento de sujeto moral en el marco de las prácticas colectivas, lo que podría ser un rasgo definitorio de la ciudadanía. En este sentido la declaración universal de los derechos humanos es un referente importante para ser considerado ciudadano.

No es un proceso terminado, cerrado, es un proceso continuo; no es algo conseguido de una vez por todas sino que es el resultado de una constante tensión entre los poderes y los poderosos frente a los individuos. El reconocimiento como individuo político con su capacidad de elección y con el reconocimiento de su persona como fuente de todo derecho, más allá de divinidades celestiales o terrenales, es la clave de la ciudadanía contemporánea. Todo el poder con el pueblo y para el pueblo. Ser miembro de un estado, una de las relaciones de pertenencia no debería agotar las características de la ciudadanía, entendida como una forma superior de convivencia y civilidad.

Por lo tanto la ciudadanía es responsabilidad de todos al tiempo que su carencia es culpa de algunos que tratan de suprimir los derechos. Vivir en un contexto en el que no se traten a las personas como medios sino como fines, con sus valores y objetivos a respetar, es una condición decisiva para poder construir prácticas valiosas de ciudadanía. Por lo tanto no estamos ante una cuestión fija, sino en un proceso en constante construcción que requiere defensa activa, para evitar las tendencias a concentrar el poder y limitar el papel de los ciudadanos en la organización de lo público.

 

  • ¿Cuáles deben ser los derechos y obligaciones del ciudadano en el 2015?

No es cuestión para responder en unas pocas línea. Aunque la declaración universal de los derechos humanos es un buen referente sobre los derechos y obligaciones del ciudadano, creo que deberíamos incorporar lo que se llaman derechos de tercera y cuarta generación: los derechos medioambientales, el derecho a la cultura, a la vivienda, a la movilidad, así como el derecho a la conectividad digital, a la intimidad en la red, al secreto de las comunicaciones digitales. Entre los derechos de cuarta generación suelen incluirse además el derecho de acceso al entorno digital en condiciones de igualdad y no discriminación (neutralidad de la red), el derecho a la alfabetización digital, el Habeas Data y la seguridad digital.

Un riesgo permanente y muy actual es la reducción en la producción de bienes públicos que permitan a los ciudadanos disfrutar activamente de sus derechos. En estos momentos vivimos una profunda transformación tecnológica ya que la sociedad red transforma la vida cotidiana, las diversas manifestaciones culturales, los negocios, las esferas más diversas de la vida privada y social. La forma en la que se generan los bienes públicos en la red demanda una atención explícita ante la posibilidad de producción de nuevos servicios que, o bien pueden ayudar a superar limitaciones de los individuos o bien pueden generar nuevos tipos de desigualdades.

Las posibles brechas digitales y ciberculturales merecen una reflexión específica porque cabe la posibilidad de que puedan reducirse esas nuevas desigualdades impulsando o fortaleciendo nuevas capacidades mediante medidas de política institucional y de acción social. Por ejemplo, quedar al margen de las transformaciones conectadas con el gobierno electrónico puede resultar cultural y socialmente nefasto en esta fase de expansión de la cibersociedad. Los derechos a un ciberespacio más democrático, abierto, accesible y, la correspondiente alfabetización digital son condiciones de una plena ciudadanía en nuestra época. Al mismo tiempo la educación para un uso responsable de las nuevas capacidades de interacción social que nos ofrece la tecnología debería ir unida a la definición de nuevas obligaciones respecto al uso social de la tecnología.

 

  • ¿Cuál debe ser el papel del gobierno, la sociedad civil, la opinión pública, las escuelas y las universidades en la construcción de ciudadanos ejemplares?

Me temo que la referencia a ciudadanos ejemplares sea una pretensión idealista que no se corresponde para nada con las vidas normales de los individuos en sociedad. No se trata de encontrar una especie de héroes que sean ciudadanos ejemplares, aunque siempre es interesante que haya personas que sean capaces de entregarse a los demas y cumplir así con condiciones optimas de sociabilidad.

Es muy difícil proclamar una suerte de estado ideal en el que algunos héroes de manera totalmente altruista atiendan a las necesidades colectivas, en una sociedad en la que se está constantemente proclamando la soberanía individualista del individuo-consumidor que simplemente trata de satisfacer de manera óptima sus preferencias a partir de los medios disponibles. Estimulando a consumidores máximamente egoistas que parecen ser los racionales para el mercado al plantear su actividad como simple ejercicio del benefico propio, no parece fácil generar agentes sociales cooperativos, atentos a las necesidades de la convivencia.

La ciudadanía no es una cuestión de santos ni de demonios, por el contrario es una práctica de seres humanos normales que viven en sociedad que deben aprender a respetar los derechos de los demas al tiempo que defienden los suyos y exigen el reconocimiento por parte de los poderes públicos. Por lo tanto más bien me plantearía cuál es el papel del gobierno, de la sociedad civil , de las escuelas y las universidades en la construcción de agentes racionales socialmente comprometidos, interesados en la generación y sostenimiento de los bienes públicos, formados para potenciar las instituciones del bien común, respetuosos con la propiedad de todos y capaces de superar el viejo eslogan de que los vicios privados generan beneficios públicos.

 

  • ¿Qué considera que hace falta en la construcción una ciudadanía ejemplar?

Una mayor responsabilidad con los demás, pero no solamente en el plano individual sino introduciendo nuevas formas de medida de la eficiencia de los sistemas políticos y económicos. Aunque hace ya años que se ha avanzado más alla de la renta per capita hacia índices de desarrollo humano, seguramente sería conveniente ir avanzando hacia otros indicadores de sociabilidad, cooperación, respeto, atención al medioambiente, a la sostenibilidad del planeta, a la reducción de la violencia, algo parecido a lo que se está planteando por quienes hablan de índices de felicidad interna bruta (FIB) frente al producto interno bruto (PIB).

Puede parecer una simple aspiración ideal pero sin embargo es una senda práctica muy clara y en la que se va avanzando incluso con indicadores y propuestas de acción. Resulta contradictorio que por todas parte se nos insista en expandir el consumo, en atender a nuestras exclusivos y egoístas deseos y, por otra parte, se ponga el referente inalcanzable de una ciudadanía ejemplar.

Me parecería mejor avanzar en la educación de seres humanos no ideales ni ejemplares sino con las limitaciones que tenemos para aprender a convivir, a respetar los derechos de los demás, a ser consciente de los límites de nuestro planeta y superar conscientemente los modelos de confrontación en los que parece que lo que gana uno es siempre porque otro pierde. Desarrollar instituciones que promuevan los bienes públicos y comunes y enseñar el respeto de esos bienes comunes. Enseñar que los otros son condición de nuestra propia libertad y de nuestra felicidad.

  • ¿Cuáles son algunos ejemplos de acciones ciudadanas que nos acercan al ideal? ¿Qué sociedad podría considerarse como ejemplar?

No me parece que en estos temas tenga sentido hablar de un ideal a alcanzar ni de casos ejemplares. Ahora bien hay muchos casos de actividades ciudadanas que son buenas muestras de prácticas cívicas satisfactorias y decentes. Muchas prácticas de actividad cooperativa, de trabajo cooperativo, de respeto al medio ambiente, de defensa de la variedad biológica estarían en esta línea.

Me gustaría destacar todo el movimiento de los recursos educativos en abierto, la economía del compartir y la potenciación de los bienes comunes como casos sobre los que es posible construir prácticas ciudadanas decentes. Un caso muy destacado son las redes que han surgido de apoyo a los inmigrantes y a los desplazados en muchas zonas en las que resulta dramática la presión de los movimientos de población motivados por razones políticas y económicas. No creo que podamos hablar tampoco de sociedades ejemplares porque, para empezar, tendríamos que considerar si es posible la generalización a todo el planeta de determinadas formas de vida.

Aunque no le falta algo de razón a quienes dicen que la “conducta ecológica y sostenible” es algo de ricos, sin embargo una de las principales herencias del siglo xx ha sido mostrar que la democracia (y con ella el auténtico comienzo de la ciudadanía) no es que algo solamente pueda darse en aquellos países en los que tengan ya un nivel económico suficiente sino que la democracia es clave para el desarrollo. La democracia no es el resultado sino una condición.



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