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PatrocinadorEl idioma que hablamos puede definir nuestra forma de amar

El idioma que hablamos puede definir nuestra forma de amar

      
El idioma que hablamos puede definir nuestra forma de amar.
El idioma que hablamos puede definir nuestra forma de amar.  |  Fuente: Shutterstock

A la hora de elegir amigos o pareja, lo habitual es sentir atracción por personas con las que tenemos algo en común. Compartir gustos, pasiones, momentos o al menos afinidades resulta de gran importancia a la hora de sentir “algo” por otra persona.

Es cierto, sobre gustos no hay nada dicho y el amor no conoce de barreras, pero difícilmente alguien podría enamorarse de una persona a la cual no comprenda ni una sola palabra. Al parecer esta afirmación tiene todo un respaldo científico detrás, que la aleja de las meras conclusiones que cualquiera podía obtener dedicando unos minutos a sopesar estas ideas.

La teoría o hipótesis de Sapir-Whorf es la que respalda esta idea que relaciona el idioma que hablamos con la forma que tenemos de amar, o de enamorarnos de otras personas u objetos.

También conocida como Principio de Relatividad Lingüística o PRL, esta teoría surge del trabajo del lingüista Harry Hoijer, quien postuló una aparente relación entre las categorías gramaticales que posee una persona y la forma en que esta comprende el mundo. Al parecer, las formas de hablar podrían determinar las formas de conceptualizar todo lo que nos rodea, y por lo tanto también a las personas y los sentimientos.

El relativismo lingüístico ha debatido esta teoría durante años, con posturas completamente variadas que no logran llegar a un punto en común. Lo importante de este debate es que, si la forma en que hablamos puede realmente determinar cómo vemos el mundo y cómo lo catalogamos, podríamos decir que de algún modo a cada forma de hablar corresponde una determinada interpretación de la vida, y por lo tanto de los sentimientos.

Sabemos que cada lengua tiene una palabra para hablar de los sentimientos que se generan con lo que los hispanohablantes llamamos “amor”. Lo que no sabemos es lo que se encuentra justamente detrás de esa palabra, pues si las asociaciones gramaticales de una lengua determinan las formas de comprender el mundo, no podemos esperar que estas se mantengan al cambiar de idioma. Es decir, no podemos esperar que lo que nosotros asociamos al amor sea exactamente igual en personas que manejan otro idioma como lengua materna.

Podemos creer que son la misma cosa, que los sentimientos corresponden a una especie de idioma universal, pero si  nos basamos en la teoría de Sapir-Whorf tanto el amor como el miedo o la tristeza podrían ser totalmente distintos de acuerdo a la lengua en que se hable… Curioso ¿no?

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