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La cerveza y el Planeta Rojo

           Autor: Gustavo Pérez
Cerveza y Marte
Cerveza y Marte  |  Autor: Gustavo Pérez  |  Fuente: iKaizen

Si estuviésemos trabajando para Agencias Aeroespaciales, NASA (Estados Unidos), ESA (Europa), JAXA (Japón) o Roscosmos State Corporation for Space Activities (Rusia) lo haríamos en proyectos de cientos de millones de euros (si no miles en algunos casos) y codo con codo con las mejores mentes científicas de la actualidad. No es de extrañar que de todo ese entramado creado alrededor de la tecnología y los estudios más punteros surjan sinergias que se puedan aplicar en el día a día y que modifiquen nuestro mundo.

Muchas de las aplicaciones son visibles y muy importantes:

  • Monitores Cardiacos, en un primer momento se usaron para controlar el estado de los astronautas
  • GPS (Global Positioning System), 24 satélites que permiten triangular una posición en el planeta Tierra.
  • Kevlar que usamos en neumáticos y chalecos antibalas.
  • Tubo dental, para usar la pasta dental en el espacio.
  • Código de barras. Creado por la Nasa para codificar y realizar seguimiento de millones de piezas fabricadas xa ir al espacio.
  • Detectores de humo y sustancias tóxicas, que se usaron por primera vez en la primera estación espacial estadounidense, Skylab.
  • Pintura anticorrosión.
  • Alimentos deshidratados o liofilizados.
  • Teflón, inventado para recubrir el cohete Saturno V.
  • Velcro, como sistema de cierre dentro de las naves espaciales.
  • Policarbonato, material aislante y resistente que se desarrolló para fabricar los cascos de los trajes espaciales.

En los planes para llevar una tripulación humana a Marte, una de las propuestas más acertadas consiste en enviar el vehículo de retorno con el que se realizará el viaje de vuelta la Tierra, 2 años antes de la llegada de la tripulación, tiempo durante el cual deberá producir recursos, tanto para la misión in situ, como para el viaje de vuelta.

La producción de estos recursos se basa en la obtención de sustancias presentes en Marte, en especial en el aire marciano, compuesto en un 96% por dióxido de carbono (CO2) y de cómo pueden transformarse dichas sustancias en combustible, oxígeno, agua potable y otros recursos esenciales.

Aquí entra en escena Robert Zubrin, actual Presidente de la Mars Society  y fundador de varias compañías de Tecnología Aeroespacial que comercializan aplicaciones que estos sistemas pueden tener en diferentes sectores y uno de éstos es el de bebida gaseosa fermentada de cebada y otros cereales, aromatizada con lúpulo que pone nombre al título de este artículo, la cerveza.

Cuando fermentas cerveza, el proceso que produce alcohol también produce dióxido de carbono, el cual es necesario posteriormente para carbonatar la bebida, para darle ese efecto gaseoso que todos conocemos.

Los mayores fabricantes mundiales de cerveza cuentan con costosos sistemas de varios millones de euros para capturar y purificar el CO2 que se produce durante la fermentación y que será luego utilizado para dar gases a la bebida e incluso para la limpieza o purga de los tanques contenedores.

Estos sistemas, debido a su alto precio, no son adoptados por la mayoría de medianas y pequeñas cerveceras que existen a lo largo y ancho del planeta. En vez de capturar, procesar y almacenar el CO2, dejan que el gas se disipe en el aire, dejando la inyección de CO2 a empresas distribuidoras que les suministran dicho gas a precios que pueden llegar a los 200 - 400 €/Tonelada.

Las unidades móviles (CO2 Craft Brewery Recovery System) desarrolladas por Pioneer Energy (de la cual Zubrin es fundador y Presidente), producen 60 toneladas de CO2/año, lo que es suficiente para dar servicio a cerveceras que produzcan unos 60.000 barriles cerveza/año, existiendo la posibilidad de unir más unidades al sistema en caso de necesitar mayor producción.

Todo el proceso debe realizarse de una forma automatizada, sin intervención humana, así lo idearon para su uso en la superficie marciana y así debe ser en la Tierra si de abaratar costes hablamos, algo que han llevado a cabo mediante software de control que requiere de un mínimo mantenimiento y que ya tienen implementadas los sistemas de recuperación de CO2 que se están produciendo desde finales del año pasado.

Según previsiones de la propia empresa, podría haber un público objetivo de 20.000 cerveceras en el mundo que se podrían beneficiar de este sistema.

Es un ejemplo más de cómo los subproductos y aplicaciones generados en los programas de Investigación y desarrollo que la Nasa tiene en marcha, tienen su impacto real en el mundo en que vivimos, y si no, acuérdate de ésto la próxima vez que estés con los amigos tomando una cerveza espumosa y bien “tirada”.

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Gustavo Pérez

Gustavo Pérez

Me llamo Gustavo Pérez Gordo, soy una persona curiosa que le apasiona la ciencia en todas sus formas y que disfruta de las actividades que supongan retos y espíritu analítico

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