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Estudian las propiedades curativas del veneno animal

      
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Foto: Universia

Hoy producido por más de 100.000 animales, el veneno podría no ser tan malo después de todo. Si bien en ciertas dosis efectivamente es mortal, en la mayoría de los casos los péptidos y las proteínas que contienen se adhieren a las moléculas afectadas por alguna enfermedad y son capaces de eliminarlas sin destruir la célula. Investigadores de la National Geographic Society han comenzado a almacenar las toxinas de los venenos para analizarlas y descubrir cómo funcionan precisamente para tratar enfermedades.  


La Organización Mundial de la Salud (OMS) estima que cada año mueren 100.000 personas a causa de cinco millones de mordeduras venenosas, sin embargo se cree que la cifra es mucho mayor ya que no se incluyen las picaduras que ocurren en las áreas rurales, no hay registro de ello.

 

Propiedades del veneno animal

El veneno se encuentra generalmente en los colmillos y aguijones de criaturas pequeñas. Actúa como mecanismo de defensa de estos animales, causando un estado de parálisis completa prácticamente al ingresar al cuerpo humano.  Está conformado por cadenas de aminoácidos tóxicos con efectos distintos pero que al actuar conjuntamente generan efectos letales, en la mayoría de los casos.


Los venenos actúan de diferente manera sobre el cuerpo humano: algunos detienen la comunicación entre los nervios y los músculos en el sistema nervioso, paralizándonos; otros acaban con las moléculas, destruyendo las células y tejidos. Algunos venenos generan coagulación en la sangre y provocan un paro cardíaco, mientras que otros incentivan la coagulación y generan hemorragias severas.   


Irónicamente, son estas mismas propiedades, que combinadas resultan letales, las que pueden desterrar enfermedades del cuerpo. Atacan las moléculas del mismo modo que lo hacen los medicamentos que tratan ciertos tipos de afecciones. Ya se han consguido fabricar fármacos a través del veneno animal para combatir la diabetes y las enfermedades cardiovasculares, pero también poseen un gran potencial para el tratamiento del cáncer y las enfermedades autoinmunes.


El toxinólogo  Zoltan Takacs, explorador de la National Geographic Society y exfuncionario de la Universidad de Chicago, afirma que “no hablamos de unos cuantos medicamentos nuevos, sino de grupos farmacológicos enteros”. Según explica, “en los venenos animales podría haber más de 20 millones de toxinas esperando a ser analizadas. El horizonte es inconmensurable. Los venenos han inaugurado nuevas áreas de estudio en farmacología”.

 

Animales que producen veneno

Más de 100.000 especies de animales han evolucionado para que su cuerpo sea capaz de producir el veneno, almacenarlo en las glándulas y despedirlo a través de distintos dispositivos. Algunos de los animales que producen veneno son serpientes, escorpiones, arañas, algunos lagartos, abejas, animales marinos como el pulpo, muchas especies de peces y las caracolas cono.


La producción del veneno se realiza a partir del reciclaje de moléculas del organismo, ya sea de la sangre, del cerebro o el sistema digestivo, entre otros. Según Tackacs, “para crear una toxina que cause estragos en el sistema nervioso, lo más eficaz es tomar del cerebro un modelo (una estructura química) que ya funcione en ese sistema, introducir algunos cambios mínimos, y voilà: ya tenemos una toxina”. La información fundamental del proceso de elaboración del veneno no radica tanto en el producto final sino en el tejido, que permite extraer un mapa detallado de la genética del animal, entre ella, las toxinas que posee.


Takacs ha sido coautor de Designer Toxins, un sistema para poder realizar variaciones de los venenos, que permite mezclar distintas toxinas para comparar los valores terapéuticos de cada nuevo producto.

 

Animales en peligro de extinción

Los avances son inminentes y prometen, sin embargo estas fuentes increíbles a nivel genético y curativo podrían no llegar a estudiarse en profundidad. Esto se debe al hecho de que animales de calibre para la investigación de toxinas, por ejemplo las serpientes, una de las especies con los compuestos venenosos más complejos, están enpeligro de extinción. Asimismo, las amenazas sobre los ecosistemas marítimos y los cambios químicos que genera el cambio climático también podrían arruinar las posibilidades de estudiar las propiedades y los usos del veneno.


“Cuando trabajamos por conservar la biodiversidad del planeta, deberíamos apreciar mejor la biodiversidad molecular”, advierte Takacs. Es necesario considerar la importancia de ello y procurar la preservación de las especies más peligrosas para el humano, ya que al conservarlas podríamos salvar a miles a través de las investigaciones.








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