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La forma de los cráteres nos permite conocer la dirección de los impactos de los asteoides

      
Imagen tomada con la cámara de alta velocidad de la formación de un cráter de impacto experimental en una superficie estratificada de arena. Foto: CAB
Imagen tomada con la cámara de alta velocidad de la formación de un cráter de impacto experimental en una superficie estratificada de arena. Foto: CAB


La Tierra y, sobre todo, los otros cuerpos rocosos del Sistema Solar muestran claras evidencias de un pasado, y un presente, de abundantes caídas meteoríticas. Su superficie está plagada de cráteres de impacto de tamaños muy distintos y con diferentes antigüedades. La Luna, Marte o Mercurio son buenos ejemplos. Los cráteres de impacto son, pues, un proceso geológico fundamental en el Sistema Solar. En el caso de la Tierra tienen, además, una gran influencia en la evolución y la extinción de la vida, así como en la creación de hábitats.


El tamaño y las características del cráter recién formado tras el impacto de un meteorito dependen en gran medida de la masa y tamaño del impactador y de su velocidad. Pero la trayectoria del meteorito juega también un papel fundamental en la formación del cráter y en su morfología final. Sí la trayectoria del meteorito es suficientemente inclinada aparecen asimetrías en la forma del cráter.


Un problema fundamental en la interpretación de los cráteres es que no se conocen las condiciones de impacto. Además, es muy difícil estimar, a partir del estudio de las características de un cráter existente, los datos del meteorito: tamaño, masa, velocidad, inclinación.


Mediante un trabajo liderado Jens Ormö, investigador del Centro de Astrobiología (CAB, CSIC-INTA) en el Departamento de Planetología y Habitabilidad, y publicado recientemente en la revista Meteoritics & Planetary Science, se ha encontrado un nuevo método para estimar la oblicuidad y dirección del impacto en cráteres formados en zonas estratificadas. Estas estructuras tienen en común que la capa superior es más débil que las inferiores, más rígidas, y el impacto perfora a través de la capa superior y genera un conjunto concéntrico de dos cráteres, uno en la capa superior y otro en el material inferior, más compacto. Este método puede ser especialmente útil en los casos de ausencia o mala conservación de los cráteres donde cuestiones como la forma de la capa del material expulsado no pueden usarse como indicador de la dirección del impacto.


Para este resultado se han estudiado cráteres de impacto en la Tierra, como Lockne (Suecia), y en Marte, que se han completado con simulaciones numéricas ya publicadas, pero la mayor aportación proviene de los experimentos de impacto oblicuo realizados en el nuevo Laboratorio de Cráteres de Impacto Experimentales en el CAB.


El método más frecuentemente utilizado para la estimación de la dirección y la oblicuidad de los impactos se basa en el patrón observado de eyección de material durante el impacto. Sin embargo, la conservación de estos materiales es muy pobre, especialmente en la Tierra donde los procesos de erosión y los cambios geológicos modifican la estructura inicial de los cráteres.


Recientemente se ha encontrado una alternativa mediante el estudio de la asimetría de la estructura interna de los picos centrales en cráteres marcianos. Con el trabajo ahora presentado se ofrece un método adicional para identificar la dirección y la oblicuidad del impacto basado en el desplazamiento entre los cráteres exterior e interior cuando aparecen estructuras concéntricas. Además de indicar la dirección del impacto, este desplazamiento parece depender la velocidad obre el horizonte, así como del espesor de la capa con relación al tamaño del proyectil.



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