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Entrevista a Eugenio Bregolat en torno al Renacimiento de China

      

P. El pasado año se publicó su libro “En torno al renacimiento de China”. En este escrito nos hace saber el papel que ha jugado la Universitat de Lleida para que éste vea la luz. ¿Cómo surge esta colaboración?

 

R. Hace años que colaboro con la U de Lérida. Soy Director honorario de la Cátedra de Estudios Asiáticos del Profesor Joan Julià. La U tuvo el año pasado la magnanimidad de nombrarme Profesor honoris causa.

 

P. En uno de sus capítulos, usted aporta algunas de las claves para el milagro económico chino: la sociedad china es la que más ahorra del mundo y su cultura confuciana genera un alto grado de disciplina social y laboral. ¿Hasta qué punto España, en la cola del pelotón de cabeza, puede verse afectada por este Renacimiento?

 

R. El Renacimiento chino afecta, de algún modo, a todos los países y a todos los habitantes del planeta. A España y a Europa de forma muy concreta. El último tercio de siglo más de 300 millones de campesinos chinos abandonaron una agricultura de subsistencia para trasladarse a las ciudades, sobre todo a las de la costa, convirtiéndose en obreros industriales. Al principio sus salarios eran del orden de treinta veces inferiores a los de los obreros de los países desarrollados. Ahora siguen siendo significativamente más bajos, aunque hayan subido mucho. A partir de esta base, donde China, u otros países emergentes, alcanzan el nivel tecnológico de los países avanzados, los expulsan del mercado. Al principio China exportaba artículos de baja tecnología, como ropa, calzado o juguetes. Ahora más de la mitad de su exportación es de tecnología elevada, como electrónica o telecomunicaciones. Este es el telón de fondo de la crisis económica, anterior a la quiebra de Lehman Brothers o al desafortunado lanzamiento del euro.

 

P. En uno de los artículos de 2007 que podemos leer en su libro, usted cita una frase del ex primer ministro chino Zhu Rongji. China, la fábrica del mundo; Estados Unidos, la alta tecnología; Europa, museos y turistas. ¿Ve usted posible que esto acabe sucediendo? ¿Qué considera usted que necesita cambiar España para no llegar a ese punto?

 

R. La frase de Zhu Rongji no pretende ser otra cosa que una "oversimplification", aunque esas son las tendencias. Ganarse la vida con turismo y museos no es peor que ganársela en la industria - y es menos contaminante. Lo que ocurre es que no se puede prescindir de un sector industrial. Para mantenerlo hay que aplicarse a fondo, cosa que no se ha hecho, la Agenda de Lisboa del año 2000: conseguir niveles de excelencia en Investigación y Desarrollo, así como en educación. De este modo, los países europeos o Estados Unidos seguirán siendo competitivos en ciertos sectores industriales y China lo será en otros.

 

P. También aporta muchos datos sobre la educación en China - 25 millones de universitarios; planes para la creación de cien universidades, cerca de medio millón de estudiantes en el extranjero - y asegura que es imprescindible reformar nuestro sistema educativo invirtiendo los recursos que sean necesarios para que China no llegue a convertirse en una amenaza. En este sentido, ¿cómo cree que está el sistema educativo de nuestro país en la actualidad?

 

R. Vale lo que acabo de decir sobre la Agenda de Lisboa. Según el informe del Banco Mundial "China 2030", en los próximos veinte años China graduará dos cientos millones de universitarios, la mayoría ingenieros y científicos - hoy día toda la fuerza laboral de Estados Unidos está en torno a los ciento sesenta millones. China va de cabeza hacia una sociedad del conocimiento y dedica gran atención y muchos recursos a la educación. Está claro que hay que espabilar. Todo el mundo admite que nuestro sistema educativo necesita una gran mejora, a todos los niveles.

 

P. No quisiéramos terminar esta entrevista sin darle la enhorabuena por haber sido distinguido con un doctorado honoris causa por la Universitat de Lleida. Como sabe, Universia tiene un compromiso con los jóvenes universitarios, y para finalizar, nos gustaría saber si en su etapa universitaria ya sentía tal atracción por China y su evolución. ¿Cree que los jóvenes españoles son conscientes de la necesidad de cambio que plasma en sus artículos?

 

R. En mi época de estudiante no sentía mayor inclinación por China. Cuando dejaba mi primera embajada, en Indonesia, en 1987, resultó que China, que estaba cerca, iba a quedar vacante. El Ministerio me propuso ir a China y acepté. Allí me encontré con que estaba en marcha un proceso que, literalmente, cambiaba el mundo en que vivimos. Aquello me pareció apasionante, de modo que más adelante conseguí volver otras dos veces a China como embajador. En total, doce años. Ahora, hasta tengo una  nuera china.

A los jóvenes les recomiendo que miren hacia China, pues será un país decisivo en los años que les tocará vivir, y que estudien su lengua.


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