El proyecto ha sido financiado en el marco de la
European Science Foundation y del
European Research Council, así como por el
Ministerio de Ciencia e Innovación y la Consejería de Cultura de la Junta de Andalucía.
Las rutas de expansión del
Neolítico por el ámbito mediterráneo desde sus focos de origen en el
Próximo Oriente han sido discutidas desde hace casi un siglo, aceptándose tradicionalmente
dos vías de llegada del fenómeno a la Península Ibérica: una primera,
continental, que discurriría por el margen septentrional de este mar, y una segunda,
marítima, que habría alcanzado el Levante español “saltando” desde Chipre a las Baleares.
Estos científicos radiodataron, en un primer momento,
numerosas muestras orgánicas de indiscutible procedencia neolítica, caso de los huesos de animales domésticos y los granos de cereales cultivados. Con ello lograron fechar la entrada del Neolítico en el sur peninsular hacia los
7500 años antes del presente. Se trata de una cronología sorprendentemente sincrónica con las obtenidas para otras zonas peninsulares, si bien su cultura material, tan diferente a la documentada en las restantes regiones ibéricas, indica que estamos ante un fenómeno independiente del resto.
Los resultados obtenidos con diferentes registros, así como
análisis paleoclimáticos a escala regional, indican que
cuando se produjo la llegada a este territorio peninsular de gentes neolíticas se estaban produciendo notables alteraciones climáticas y ecológicas en el Mediterráneo occidental y zonas colindantes. Dichas alteraciones se han reconstruido partiendo de los datos ofrecidos por distintos registros climáticos de alta resolución, tanto marina como arqueológica. Entre las evidencias más llamativas destaca la
sustitución de especies piscícolas del Atlántico Norte que, como del bacalao, aún pervivían en la costa de Málaga en aquellas fechas, por otras estrictamente mediterráneas que son las que hoy habitan este mar.
Todos estos cambios ambientales
parecen haber afectado a las poblaciones mesolíticas ibéricas, cuya economía se fundamentaba en la caza, recolección y los recursos marinos, siendo este el momento cuando se constata el abandono de los más emblemáticos yacimientos pre-neolíticos de la zona. Pero la crisis paleoambiental afectó , sobre todo, a las poblaciones Neolíticas saharianas, en cuyos yacimientos se han descrito también fenómenos de cambio climático que condujeron, según todos los indicios, al abandono masivo de los asentamientos.
Los autores de este estudio postulan que
fue esta coyuntura ambiental la que generó una sinergia que, por una parte, impulsó a las poblaciones neolíticas norteafricanas a cruzar el estrecho y, por otra, a que las poblaciones de cazadores-recolectores del sur peninsular incorporasen rápidamente el modo de vida asociado con el sistema de producción. Las sociedades neolíticas pioneras encontraron de esta suerte nuevas tierras donde asentarse al tiempo que indujeron a las poblaciones mesolíticas a incorporarse activamente al proceso de cambio. Es en este contexto, donde, durante un breve lapso temporal, la expansión de los nuevos modos de vida, en sus aspectos económicos, sociales, simbólicos y de cultura material, se difunden y reelaboran activamente generando una etapa neolítica de gran pujanza y marcada personalidad cultural, en la Iberia meridional.
Basándose en la diversidad de especies vegetales y animales implicadas, así como en determinadas pautas de la cultura material, l
os autores sitúan este origen magrebí en el entorno de Orán (Argelia), punto de partida para estos colonos neolíticos de la Península Ibérica.
Para más información puede accederse a la revista Quaternary Research a través del portal
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