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¿Tienes un mal jefe? Quizás también es culpa tuya

           Autor: María Moreno Sierra
¿Tienes un mal jefe? Quizás también es culpa tuya
¿Tienes un mal jefe? Quizás también es culpa tuya  |  Fuente: Shutterstock

No es extraño que, a la hora de aceptar o renunciar a un trabajo, la relación con el jefe sea un punto importante a considerar. Un superior comprometido y trabajador puede mejorar y potenciar un ambiente laboral sereno y envidiable, mientras que un jefe déspota es capaz de amargar la vida de todos sus empleados. ¿Tienes un mal jefe? Quizás también es culpa tuya.

Se cree que alrededor del 50% de los trabajadores que dimitieron y abandonaron sus compañías tomaron su decisión a raíz de los problemas con el jefe; una cifra superior al cambio de empleo, las incompatibilidades personales o la conciliación familiar. Sin embargo, es importante tomar algo de responsabilidad al respecto, aceptando cada uno su parte de culpa. ¿Estás seguro que no has hecho nada para sabotear la relación con tu jefe?

  1. Muchos empleados creen que sus jefes, por el mero hecho de serlo, deben saber todo. Sin embargo, la mayoría de ellos pasa las jornadas laborales entre papeles, documentos y reuniones. Siempre que tengas un problema con un compañeros o un superior, debes dirigirte a tu jefe y contarle de forma directa (aunque educada) tu problema. Los jefes no leen las mentes ni adivinan el futuro, por lo que les deberás contar todo lo que te sucede. ¿Tienes demasiado trabajo? ¿Necesitas un día libre? ¿Un compañero no para de ponerte la zancadilla? No intentes solucionar los problemas ni obviarlos, su trabajo es ayudarte, pero si tú no quieres, él no podrá hacerlo.
  2. Por esto mismo, siempre tienes que mantener a tu jefe actualizado, comentándole cómo va el trabajo y los inconvenientes que estás encontrando. Si tu superior sabe que hay un problema técnico o que no tienes tiempo para cumplir con todos los objetivos, podrá enfrentarse, por ejemplo, a una queja de un cliente o de otro departamento. Además de cubrir tus espaldas, también podrás ayudarle a él de cara a otros jefes o socios.
  3. Muchos jefes, como es obvio, suelen enfriar la relación con sus empleados cuando estos comienzan a bajar su rendimiento. Quizás deje de asignarte proyectos y mandarte a conferencias, no te conceda esa promoción que tanto deseabas o no consigas el aumento de sueldo prometido en el trimestre. ¿Es culpa del malvado jefe? No, es tuya. En lugar de ir criticando, piensa qué puedes hacer para alcanzar objetivos y mejorar tu relación con el superior, añadiendo más esfuerzo, ganas y compromiso en el día a día.
  4. Los sentimientos pueden nublar la vista, generando un odio hacia el jefe nada realista. ¿Odias como chirría los dientes? ¿No soportas su risa? ¿No aguantas sus consejos de vida sana? Seguramente estás proyectando tus sentimientos en el trabajo, algo que no es para nada aconsejable. Vale, quizás no vaya a ser tu amigo del alma ni os vayáis de copas, pero eso no debe influir en vuestra relación laboral ni en el hecho de que seguramente sí sea un buen jefe.

 

Prácticamente todos nosotros hemos tenido problemas con algún jefe en algún momento de nuestra vida, pero siempre hay que ser conscientes de que un superior no es un enemigo, sino una persona que trabaja con nosotros para guiarnos y hacer nuestro trabajo más fácil.

En algunas ocasiones no podrás hacer nada al respecto, pero si está en tu mano, pon todo de tu parte para mejorar la relación con tu jefe. Tu vida laboral y personal se verá gratamente beneficiada.



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María Moreno Sierra

Soy una treintañera madrileña cuya vocación siempre ha sido la comunicación. San Agustín dijo: "El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página". Yo no podría estar más de acuerdo.

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