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Trucos para dar malas noticias y no llorar en el intento

           Autor: María Moreno Sierra
Trucos para dar malas noticias y no llorar en el intento
Trucos para dar malas noticias y no llorar en el intento  |  Fuente: Shutterstock

Todos, en algún momento de nuestra vida, hemos tenido que dar malas noticias. Aunque también lo habrás vivido durante tus años universitarios, este desafío se intensifica cuando llegamos al terreno laboral. Pero, ¿cómo debo explicar las malas noticias sin verme involucrado o afectado emocionalmente? Sigue leyendo y sírvete de los siguientes trucos.

Dar malas noticias es una de las tareas más duras para los jefes y los cargos intermedios, sobre todo cuando son nuevos en sus funciones. Ellos son los encargados de dar un toque de atención a sus empleados cuando no realizan el trabajo como es debido o las personas que deben comunicar a la plantilla los recortes de sueldo o personal. En las grandes compañías, es también el gabinete de Recursos Humanos quien se encarga de comunicar los despidos.

Ni que decir tiene que las malas noticias siempre deben darse de cara, aunque sea duro. Olvídate de utilizar el email o el teléfono. Fundamental es también prepararse siempre el discurso que vayas a decir. Cuando das una mala noticia, debes intentar por todos los medios que el receptor de la información sufra lo menos posible, por lo que no deberás dejarlo a la improvisación si quieres hacerlo bien. Aunque normalmente la conversación nunca vaya como la habías planeado, así estarás capacitado para solventar cualquier imprevisto, responder a cualquier pregunta y confortarle en este duro momento.

Pero, además, debes buscar el punto medio entre la compasión y la frialdad. El mensaje debe ser entregado, aunque no de cualquier forma. Es importante encontrar el equilibrio entre la persona sin emociones y aquella que se echa a llorar o comienza a chillar cuando da una mala noticia. La calve está en mostrarse preocupado y disponible, pero sin que los sentimientos te nublen el juicio.

Ten en cuenta que las personas portadoras de malas noticias también pueden pasar un mal rato, por ejemplo, debido a la cercanía con el receptor, por un sentimiento de empatía o por la frustración de no haber podido hacer nada para impedirlo. Además, en ocasiones, la ira del perjudicado o la víctima recae sobre el mensajero, aunque este no tuviera nada que ver en el asunto. En estos casos, es necesario buscar una forma de sobreponerse para que tu trabajo no repercuta en tu día a día.  

Antes o temprano, todos tendremos que dar una mala noticia a un amigo, un familiar, un empleado o un compañero. Por ello, piensa siempre en estas tres palabras: dignidad, respeto y eficiencia, los tres pilares básicos que te harán triunfar en todo aquello que te propongas.

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María Moreno Sierra

Soy una treintañera madrileña cuya vocación siempre ha sido la comunicación. San Agustín dijo: "El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página". Yo no podría estar más de acuerdo.

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