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La importancia de la inversión en la educación superior para el desarrollo de la sociedad

      
La educación determina la competitividad y desarrollo de la economía de un país
La educación determina la competitividad y desarrollo de la economía de un país
  • La educación superior es uno de los principales impulsores de la evolución de la sociedad.
  • Invertir en educación es vital para garantizar un sistema socioeconómico próspero y competitivo.
  • Es importante no olvidar que la Universidad es el motor de I+D+i y tiene mucho que ver con la competitividad de cualquier país y economía.

La educación superior tiene una alta responsabilidad con la sociedad: son los encargados de preparar a los profesionales del futuro. Lleva siendo así desde hace décadas, por lo que no cabe duda de la efectividad e importancia del papel de la Universidad.

El desarrollo de las competencias, pero también de las habilidades blandas y la soltura para trabajar en equipo dependen del paso por la Universidad y de los retos que se superan durante este periodo formativo.

Tampoco hay que pasar por alto que la Universidad es el centro principal para la investigación y la innovación, por lo que, cuando hablamos de recursos económicos dedicados a la educación, no debemos de olvidar que la inversión se debe repartir entre facilitar el desarrollo de la investigación científica y facilitar una experiencia educativa plena, de calidad y accesible a todos.

La inversión en estas dos vertientes educativas constituye los pilares más robustos y eficaces para el desarrollo de la economía y la sociedad de un país, sobre todo con el objetivo de reducir la brecha de la desigualdad y mejorar el acceso a oportunidades laborales dignas y de calidad.

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Acciones y ejemplos

Invertir en I+D+i y conocimiento es la estrategia a largo plazo de las grandes potencias mundiales, para asegurarse un impacto positivo en su desarrollo y competitividad. De este modo, países como Estados Unidos lideran los avances científicos en salud y se sitúan a la cabeza en innovación y conocimiento. 

El primer paso comienza con el aumento de la partida de PIB, o una distribución más justa de los recursos que favorezcan en el I+D. Se calcula que países como España o Argentina deberían de invertir, al menos, el doble de lo que destinan actualmente a investigación y educación superior.

Corea del Sur también es un buen ejemplo del salto cualitativo que se consigue con una buena inversión. Hace décadas, dedicaban un 0,4% de su PIB a temas relacionados con I+D+i. Actualmente, destinan un 3% del PIB a educación e inversión del conocimiento, lo que ha supuesto que mejoren su competitividad internacional.

Además, se ha conseguido aumentar el nivel de vida de los ciudadanos y los beneficios que obtiene la economía: de un ingreso per cápita de 278 dólares, han pasado a un ingreso de 17.000 dólares. Y ahora Corea del Sur recibe estudiantes de intercambio e investigadores, interesados en sus proyectos y programas formativos.

Las universidades de Israel también son un buen ejemplo, con sus métodos de transferencias tecnológica que vinculan el ámbito académico y científico, con el mundo empresarial y la sociedad en general. Con este sistema se aseguran que toda innovación se incorpore al sistema productivo del país y aporte valor a la sociedad.

Todo es cuestión de la implicación y de que la educación sea una prioridad para los gestores del cambio y los órganos de poder.



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