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¿Debería ser obligatoria la asistencia de los estudiantes a las clases?

      
El presentismo en las aulas es poco efectivo para un aprendizaje eficaz
El presentismo en las aulas es poco efectivo para un aprendizaje eficaz
  • ¿Es hora de que las universidades se pongan más estrictos con la asistencia a clase? ¿Debe ser un detalle a tener en cuenta en la evaluación de los alumnos?
  • Los docentes no se ponen de acuerdo sobre este tema y algunos creen que la asistencia nada tiene que ver con la efectividad de la formación.
  • Apostar por la asistencia pasa por combatir el presentismo y porque los docentes también revisen sus métodos de enseñanza.

Es de esperar que tras el esfuerzo por acceder a la universidad y el coste económico que supone, los alumnos aprovechen al máximo sus clases y su tiempo en el campus. Pero la realidad es muy diferente…

Los profesores siempre hablan de los estudiantes fantasma, que aparecen a principio de curso y no se les vuelve a ver hasta el día del examen.

Pero, ¿no asistir a clase está relacionado con la falta de compromiso de los alumnos? ¿Puede que algunos estudiantes prefieran planificar su tiempo de otra manera para obtener mejores resultados?

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En el mundo académico hay opiniones y propuestas de todo tipo. Por un lado, algunos profesores piensan que se deben endurecer las políticas de asistencia y que sean un requisito necesario para superar una asignatura.

La asistencia incentiva el compromiso con su formación, además que muchos profesores lo toman como una falta de respeto. Enfrentarse a una clase casi vacía es muy duro para los académicos, aunque también puede ser la oportunidad para plantearse si hay algo que no funciona en el sistema o en la capacidad de transmitir.

Muchos docentes coinciden en que los estudiantes no son conscientes de su tendencia al ausentismo, hasta que no hablan con el profesor sobre sus resultados. Y posiblemente, la gran mayoría, hayan decidido no ir a clase porque hacía mal día o porque era demasiado temprano; aunque siempre hay excepciones.

Por otro lado, hay docentes que creen que obligar a los estudiantes a ir a clase puede desmotivar a los alumnos y no aportar nada en temas de aprendizaje. Ellos apuestan por la libertad de aprendizaje del estudiante y que hagan uso de las instalaciones, como mejor les convenga: irse a la biblioteca, trabajar en sus proyectos,…

También creen que es incoherente en un sistema educativo superior, donde los universitarios ya son adultos y responsables de sus propias decisiones. Algunos creen que con esto solo se fomenta el presentismo y no el aprendizaje real, además de caer en una actitud que tiende al paternalismo y a la sobreprotección.

Junto a esto, también plantean que, si el alumno no cree que la clase le aporte nada valioso, por qué debe sentirse obligado a asistir y que esto influya en su nota final.

Ambos bandos tienen razones de peso y es difícil aportar una solución que sea efectiva para todos, sobre todo porque cada universitario tiene necesidades diferentes.

Razón no les falta cuando hablan de exitosos profesionales que jamás pisaron las clases. Pero sí que es verdad que se trataba de estudiantes muy comprometidos con su aprendizaje y responsables con sus tareas, cosa no aplicable a la mayoría.

Parece que, por ahora, el equipo docente está lejos de encontrar una solución que satisfaga a todos.



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