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Pedagogía infantil: técnicas para fomentar la creatividad en los niños

      
Fuente: Shutterstock

Tu rol como educador infantil implica el desarrollo de la imaginación en los niños, clave para su éxito en su vida adulta porque serán capaces de generar soluciones alternativas a un problema personal, laboral o profesional. Te acercamos algunas técnicas para fomentar la creatividad en los niños, que a pesar de su obviedad, pueden variarse para conseguir un efecto innovador si sabemos cómo emplearlas en el aula.

Lectura y escritura

Un clásico que permite vastas posibilidades cuando introducimos las preocupaciones e ideas que tienen los estudiantes cada día. En lugar de limitarte a contar un cuento, genera un debate en el aula para que los niños inventen finales alternativos o relacionen la historia con su contexto actual. Ten en cuenta que los libros ilustrados con colores brillantes despertarán naturalmente la curiosidad de los más pequeños.

“¿Qué hubiera pasado si…?”, “¿Y tú qué hubieras hecho?”, “¿Qué crees que hace la princesa en sus fines de semana?”, son algunos disparadores que captarán la atención de los niños y los motivarán a participar. Además, las respuestas pueden darse oralmente tras discutir en grupo, en un dibujo, una manualidad o una redacción.

La escritura es un vehículo que fortalece la confianza, de hecho, los niños con una imaginación más profunda se convierten más fácilmente en escritores independientes. Desarrollan vocabulario, mejoran su comprensión y practican la empatía cuando perfilan distintos personajes expresados con sus propias palabras. La práctica continua de la escritura y lectura conduce a un mayor interés por las asignaturas del plan de estudios conforme el niño avanza en su educación formal.

Juegos de simulación

La dramatuzación es una herramienta para explorar el mundo, poniéndose en los zapatos de los demás para entender su forma de pensar. Motívalos a representar un cuento con títeres o disfrazándose ellos mismos con objetos creados en un taller de plástica. Les estarás enseñando habilidades de planificación y trabajo en equipo, además de expresar sus emociones e integrarlas con la cognición.

Es fundamental que los niños manifiesten su estado de ánimo, tanto si es positivo como negativo. Procura que conozcan las palabras adecuadas para expresar lo que sienten, así podrán comprenderlo mejor. Puedes crear caretas de papel con emociones como alegría, ansiedad, tristeza o enojo y cada niño deberá interpretar ese estado de ánimo, o averiguar cuál le tocó a su equipo (variante del dígalo con mímica).

También puedes aplicar el cambio de roles en el aula para incentivarlos a flexibilizar su atención. Por ejemplo, pídele a un grupo que sean los maestros durante el día y les enseñen algo a los demás, o cambia una regla de clase por otra creada entre todos para que aprendan a respetar el consenso colectivo.

Plástica y manualidades

Lo primero que solemos pensar cuando imaginamos a un niño desarrollando su creatividad, es en un puñado de infantes sentados alrededor de una mesa colorida con las manos empastadas en pintura y unas cuántas hojas con dibujos abstractos que solo tienen sentido para su autor. Pese a la obviedad de la enseñanza artística a través de la manualidad, es importante que la costumbre no se pierda porque los niños canalizan su estrés por esta vía mientras adquieren habilidades motrices finas.

Las manualidades son un cliché que motiva la toma de decisiones respecto a colores o materiales, ayudan a resolver problemas y liberan energía. Estarás transmitiéndoles herramientas para concentrarse en una sola tarea (algo muy difícil para los más pequeños), plasmar una visión del mundo y prestar atención a las instrucciones, pues tendrán la vista fija en ti para entender cómo haces tu manualidad y replicarla, ya que eres la figura de autoridad que tienen en el momento.

Apela a la innovación en una técnica clásica, evitando otorgarles un modelo exacto de lo que deben hacer. Puedes encargar un trabajo diferente a cada niño para que su cerebro trabaje en sus propias ideas. Plastilina, brillantina, glitter, papeles texturizados, post it, crayones, marcadores, lápices, acuarelas, maderas, piedras, caracolas, cordones, cintas, objetos rotos… cualquier elemento manipulable es una fuente de inspiración.

Design Thinking

Una metodología de innovación utilizada por los diseñadores para resolver problemas de su campo, que ha sido trasladada a la educación como incentivo de la creatividad. Intenta fomentar cualidades como la escucha, la observación y la prueba constante. Los errores son parte del proceso, es deseable que el niño se equivoque si obtiene una conclusión positiva de la situación en lugar de dejarse vencer por el fracaso.

Los estudiantes compartirán propuestas para solucionar un problema acorde a su edad y vinculado con una preocupación del momento. Deberán trabajar en equipo o en grupos reducidos que expondrán sus resultados frente a los demás. Experimentarán propuestas por sí mismos para probar su acierto o desacierto, sin importar cuán descabellada sea la idea.

Nunca subestimes una propuesta o inhibirás la imaginación de los más pequeños, infundiéndoles temor al ridículo. El Design Thinking se basa en el prototipado de soluciones paso a paso y en la puesta en marcha para comprobar su funcionamiento. Serán ellos mismos quienes desechen las ideas cuando comprueben que no actúan como esperaban, eligiendo la mejor de las opciones porque confirmaron su utilidad.

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