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¿Por qué desconfiamos de algunas personas que ni siquiera conocemos?

      
¿Por qué desconfiamos de algunas personas que ni siquiera conocemos?
¿Por qué desconfiamos de algunas personas que ni siquiera conocemos?  |  Fuente: Shutterstock

No hace falta conocer personalmente a alguien para saber que nunca podríais ser amigos. Es normal que algunos famosos te caigan mal por su ideología, sus comentarios o, incluso, su aspecto. Pero, ¿por qué hay personas que nos dan 'mala espina' sin haber cruzado una sola palabra ni saber nada de ellos? Y, peor aún, ¿por qué somos los únicos que desarrollamos esta animadversión si el resto de tus amigos les adoran?

La respuesta es muy simple, ya que nuestro cerebro reacciona ante cualquier actitud amenazante o peligrosa. Todos los seres humanos respondemos de la misma forma ante ataques directos, aunque cada uno de nosotros también podemos sentir rechazo ante muy variadas situaciones. Por tanto, esa sensación de 'mala espina' no es más que una alerta del cerebro para evitarnos posibles daños, tanto físicos como psicológicos.

La amígdala es, según la Real Academia Española, el "órgano formado por la reunión de numerosos nódulos linfáticos". Esta misma zona es la causante de que realicemos juicios rápidos y, por tanto, nos estemos refiriendo a simples opiniones irracionales, espontáneas e instintivas.

Según el director del Centro de Estudios del Coaching José Manuel Sánchez Sanz en una entrevista concedida a El País, estas amenazas "a menudo se tratan de señales que la otra persona emite y que evocan en nosotros recuerdos de experiencias pasadas o personas desagradables con las que nos hemos cruzado en otro momento de nuestras vidas”. Por esto mismo, cualquier rasgo o movimiento puede alertar a nuestro cerebro. ¿Una vez te robó la cartera un chico rubio? Pues tu mente intentará por todos los modos que nunca te caiga bien una persona con esta misma característica.

Aunque puede parecernos que las personas nos 'entran' por los ojos, lo cierto es que el olor tiene un valor muy importante. Podemos desarrollar un sentimiento de tirria hacia una persona que acabamos de conocer porque huele parecido a alguien que no nos cae bien o porque su perfume nos recuerda a un lugar que querríamos olvidar.

Además, "buena parte de lo que evitamos enérgicamente en el otro tiene que ver con aspectos de nosotros mismos que no nos gustan, aunque no lo queramos reconocer".

Entonces, ¿qué debemos hacer? La clave está en el autocontrol, que permitirá que dominemos nuestra amígdala y pensemos de forma racional. También puedes dedicar unos minutos a pensar por qué no te cae bien. Una vez que identifiques el problema, podrás estar preparado para comenzar una bonita amistad.



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María Moreno Sierra

Soy una treintañera madrileña cuya vocación siempre ha sido la comunicación. San Agustín dijo: "El mundo es un libro y aquellos que no viajan sólo leen una página". Yo no podría estar más de acuerdo.

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