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¿Es positivo el uso de portátiles y tablets en clase?

      
Los estudiantes están cada vez más acostumbrados a usar sus dispositivos en el aula
Los estudiantes están cada vez más acostumbrados a usar sus dispositivos en el aula  |  Fuente: Shutterstock
  • Los estudiantes tienen decenas de nuevas oportunidades gracias a la tecnología.
  • Para los profesores es necesario analizar cuáles de esas oportunidades pueden ser útiles en el salón de clase.
  • Estudios e investigaciones realizados al respecto muestran resultados que respaldan ambas posturas.

Con posturas a favor y en contra, estudios científicos y relevamientos tanto positivos como negativos, el debate sobre el uso de tecnología en el aula tiene ya varios años. El problema es que todos estos estudios no han logrado llegar a una conclusión definitiva.

En la actualidad, un gran número de centros educativos ofrece a sus estudiantes acceso ilimitado a tecnología en el aula; mientras en otros esta posibilidad no existe. En algunos salones de clase los docentes permiten el uso de tablets y portátiles, e incluso lo fomentan; pero en otros esto es completamente rechazado.

¿Qué deben hacer los docentes? ¿Qué deberían decidir los centros educativos? ¿Permitir e intentar dirigir el uso de la tecnología en torno a los objetivos del curso? ¿Prohibir todo tipo de pantallas aludiendo a las posibles distracciones?

Posturas a favor del uso de la tecnología

Si hablamos de iniciativas que apoyan y valoran el uso de tecnología en el aula, inevitablemente debemos hablar del proyecto One Laptop Per Child de Nicholas Negroponte. Este ha sido el impulsor para que decenas de países y centros educativos consideren que el uso de la tecnología en el aula ayuda a los estudiantes a mejorar sus capacidades de resolución de problemas y alcanzar un mejor rendimiento académico.

¿Cómo puede usarse la tecnología de forma positiva? Incorporándola al plan de estudios, solicitando a los estudiantes la realización de determinadas tareas en estos dispositivos y permitiendo así la interacción mediante medios digitales.

Para los docentes estos dispositivos pueden llevar a que los estudiantes busquen información sobre determinadas temáticas en tiempo real, eliminen sus dudas sobre el significado de algunos términos, e incluso para que creen trabajos de forma colaborativa junto a sus compañeros.

Posturas contrarias al uso de la tecnología

¿Por qué se oponen los docentes a la tecnología en el aula? En su mayoría, porque consideran que estos dispositivos favorecen la distracción de los estudiantes y de quienes los rodean.

Además, existe una creciente preocupación asociada a las oportunidades de socialización. Quienes rechazan la tecnología en el aula entienden que, mediante esta, los estudiantes no interactúan en clase como deberían, pues se esconden detrás de sus pantallas.

Las investigaciones científicas, en cierto modo, respaldan esta postura.

Un claro ejemplo de ello es la investigación realizada en 2017 por la Universidad de Michigan, que permitió demostrar que los estudiantes de un curso en particular a los que se permitía el uso de tecnología dedicaron un tercio del tiempo de clase a navegar por sitios sin ningún contenido académico. Es decir, su capacidad para concentrarse en las tareas propuestas se vio perjudicada por este acceso a la tecnología.

Por si fuera poco, se ha demostrado que quienes toman apuntes en un ordenador no logran sintetizar y retener la información de forma eficiente, lo que sí se logra tomando apuntes a mano.

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¿Qué opciones tienen los docentes?

Mientras no exista una postura uniforme y los centros educativos para los que trabajan no tomen una postura clara al respecto, los docentes tienen básicamente tres caminos posibles:

1) Permitir el uso incluyendo la tecnología en el plan de estudios de modo en que esta se use para tareas de clase.

2) Permitirlo pero de forma esporádica, o colocar ciertos límites de tiempo para su uso.

3) Rechazarlos completamente y manejarse de la forma tradicional hasta que la academia dicte una postura definitiva.

Lo cierto es que, al parecer, este largo debate tendrá todavía muchas etapas hasta conseguir una respuesta definitiva. Pues dependiendo del lado de la moneda en que se mire, la tecnología en el aula puede ser tan positiva como negativa.



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