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Dos gemelos, uno con síndrome de Down, se gradúan y ahora están en la universidad

      
Dos gemelos, uno con síndrome de Down, se gradúan y ahora están en la universidad.
Dos gemelos, uno con síndrome de Down, se gradúan y ahora están en la universidad.  |  Fuente: Shutterstock

La historia de Essig y Zach conmueve al mundo entero, y revela que para los sueños no hay barreras. Después de años de esfuerzo, estos gemelos de Washington lograron graduarse y ahora ingresarán a la universidad, para probar una vez más que con sacrificio y trabajo duro todo puede lograrse.

Essig tiene tan solo 19 años. Desde que le diagnosticaron Síndrome de Down su familia supo que sería una luchadora, y lo ha demostrado ampliamente. Depués de graduarse de secundaria junto a su hermano gemelo Zach, Essig decidió celebrar su tan esperada graduación asistiendo al baile de una organización internacional sin fines de lucro dedicada a conectar adolescentes con discapacidades de desarrollo intelectual de todo el mundo, donde su historia cobró popularidad.

Asistiendo a los mismos cursos que su hermano y todos sus compañeros, Essig se graduó siguiendo el mismo plan de estudios que el resto de su clase, logrando excelentes resultados académicos. Además de conmover al mundo entero, su historia remueve una constante duda que se plantea en los sistemas académicos del mundo: ¿Es necesario crear programas especiales para estudiantes con discapacidades de desarrollo intelectual? ¿No es esta una forma de discriminación? Luego de años de sacrificio, Essig es la respuesta que muchos activistas y defensores de los pacientes con Síndrome de Down estaban esperando: No, no es necesario un trato diferencial.

Para su siguiente reto, Essig escogió la Universidad George Mason de Washington como su casa de estudios, considerando que en este centro se aceptan estudiantes de educación superior que posean algún tipo de discapacidad intelectual. Pero ¿Es esto justo? ¿Por qué una estudiante aplicada y con un excelente promedio como Essig debe limitarse a elegir entre centros educativos que consideran su condición? ¿No deberían poder escoger cualquier universidad? Evidentemente, aún queda mucho camino por recorrer en esta materia.

  • Un esfuerzo colectivo

Los padres de Essig y Zach sienten orgullo por sus hijos, que lograron terminar una de las etapas más importantes de su vida de manera exitosa. Sin embargo, recuerdan con angustia el momento en que los doctores de su hija le indicaron que esta no podría aprender a hablar ni a escribir. Claramente, Essig superó las expectativas de todos los doctores, e incluso de sus propios padres.

Utilizar su condición como una excusa para aplicar la ley del mínimo esfuerzo nunca estuvo en los planes de Essig, ni de sus padres. Ahora, esta adolescente sueña con convertirse en Abogado y poder defender a las personas con Síndrome de Down en los distintos ámbitos que estas requieran.

Comprender que las discapacidades intelectuales no son una limitante es tarea de todos. Pero el sistema educativo realmente debe dar un enorme paso hacia la inclusión, aceptando que aprender de forma más lenta también es aprender, y que discapacidad no es sinónimo de imposibilidad.



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Sara Rivero

Sara Rivero

Uruguaya. Licenciada en Ciencias de la Comunicación por la Universidad de la República, Community Manager y Periodista. Entusiasta, apasionada de la buena escritura y amante de los libros.

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