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La tela de araña más antigua del mundo

      
Mosca atrapada en la tela de araña.
Mosca atrapada en la tela de araña.
Hace unos 110 millones de años, las arañas ya tejían telas complejas para poder atrapar y alimentarse de insectos voladores. Todo esto lo confirma el descubrimiento de un fragmento de tela de araña con insectos atrapados en una estalactita de ámbar muy transparente, encontrada en Escucha (Teruel). 

El fósil excepcional, de unos 110 millones de años de antigüedad (Albiense, Cretácico Inferior), es la tela de araña más antigua con sus presas encontrada hasta hoy y la presenta la revista Science el 23 de junio, en un artículo firmado por los investigadores Enrique Peñalver, colaborador del Instituto Cavanilles de Biodiversidad y Biología Evolutiva (Universidad de Valencia); Xavier Delclòs del Departamento de Estratigrafía, Paleontología y Geociencias Marinas (Universidad de Barcelona) y David Grimaldi del American Museum of Natural History de Nueva York. El hallazgo tuvo lugar durante una prospección paleontológica gracias a un permiso de la Dirección General de Patrimonio Cultural del Gobierno de Aragón y los fósiles están depositados en la colección del Museo Fundación Conjunto Paleontológico de Teruel-Dinópolis.

La importancia milenaria de las arañas
Las arañas son artrópodos con un destacado papel ecológico en el ecosistema terrestre desde su origen en el Devónico, hace unos 385 millones de años. Abundan en prácticamente todos los hábitats terrestres –puede haber más de cien por metro cuadrado– y son uno de los depredadores más importantes de insectos. Su éxito evolutivo se atribuye sobre todo a una innovación: el uso de hilo y la construcción de diferentes tipos de telas para capturar insectos voladores y saltadores. 

Hasta ahora, el registro más antiguo de esta característica de las arañas era un hilo con gotas pegajosas encontrado en ámbar del Líbano (entre 138 y 124 millones de años). Por el momento, el origen de las telas de araña es bastante desconocido, aunque se conocen fósiles de arañas más antiguas que conservan la estructura –hileras– para tejer la tela. El ámbar, que es una resina fosilizada, es prácticamente el único medio donde los delicados hilos de una tela de araña pueden quedar preservados. 

El hallazgo de Teruel
El nuevo fósil de Teruel es la prueba directa más antigua conocida de una tela de araña para atrapar insectos voladores. Según los expertos, la tela fue construida por una araña del grupo de las Araneae. En la pieza de ámbar se han descubierto los restos de la tela de araña con diversas presas: una mosca, un escarabajo y una avispa parásita de puestas de huevos de escarabatinas (pertenecientes a especies extinguidas hace más de 80 millones de años). 

Todo indica que los insectos sirvieron de alimento a una araña: muestran el abdomen roto y lleno de resina fósil y, probablemente, la araña succionó sus tejidos internos después de inocular los jugos digestivos. Una vez muertos y vacíos, los insectos quedaron sumergidos en la resina. La pequeña avispa, además, está atada por un conjunto de hilos que le atrapan eficazmente la pata: sin duda, una estrategia de la araña para sujetarla mejor a la tela.

La tela encontrada en la pieza de ámbar de Teruel tiene un gran interés científico por otras dos razones: presenta gotas originariamente pegajosas y la geometría de una parte indica que los hilos que formaban la red estaban dispuestos de manera regular. En concreto, la tela tenía una estructura circular y estaba formada por una espiral pegajosa sobre un sistema de hilos radiales. Estos hilos, como en el caso de las telarañas actuales, tenían propiedades elásticas: al romperse, después de contactar con la estalactita de resina, algunos quedaron incluidos en el ámbar, pero retorcidos o en forma de ovillo.

Otro hecho destacable es que la datación de la tela fósil coincide con la diversificación explosiva de las plantas con flores (angiospermas) y de los insectos de grupos polinizadores. Los fósiles más antiguos de plantas con flores son también del Cretácico Inferior, período en el que empiezan a ser muy importantes en los medios terrestres, antes ocupados principalmente por las gimnospermas (coníferas y grupos afines). El gran éxito de las plantas con flores se basa en la relación simbiótica con los insectos, que actúan como eficaces polinizadores. Según los autores, “gracias a este fósil se puede afirmar que, sin duda, las arañas afectaron a la evolución inicial de los insectos polinizadores”.
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