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Opinión de la comunidad universitaria y la sociedad acerca de sus universidades

      

Víctor Pérez-Díaz, Presidente de Analistas Socio-Políticos (ASP) y Premio Nacional de Sociología y Ciencia Política 2014, y Juan Carlos Rodríguez, sociólogo e investigador de ASP, han presentado esta mañana, en la Asociación de la Prensa de Madrid, dos nuevos estudios de la Fundación Europea Sociedad y Educación, que recogen, por una parte, las percepciones y expectativas que la población adulta española deposita en sus universidades y, por otra, las opiniones de profesores, estudiantes, personal de administración y servicios sobre la universidad. Ambos informes han contado con el patrocinio de Banco de Santander, a través de su División Global Santander Universidades.

 

Opiniones de los españoles sobre sus universidades: algunas perspectivas recoge los resultados de una encuesta aplicada a una muestra de 1.200 individuos (entre 18 y 70 años), sobre sus percepciones acerca de las universidades y las expectativas que deposita en ellas. Nos acerca a la visión de los españoles sobre la tarea universitaria, su impacto, su pertinencia y contribución social, y el grado de cumplimiento de sus objetivos: una opinión que resulta tamizada, en ocasiones, por el nivel de estudios de los entrevistados o el hecho de estar cursando o no una carrera universitaria. Con este trabajo, publicado como Cuaderno Especial de Studia XXI, aspiramos a entender algo mejor el imaginario colectivo que subyace tras nuestra mirada a la universidad española.

 

La comunidad universitaria española opina muestra los resultados de cinco sondeos de opinión, basados en un total de 41.122 cuestionarios válidos, 25.611 de estudiantes, 10.159 de Personal Docente e Investigador (PDI) y 5.352 de Personal de Administración y Servicios (PAS), sobre aspectos sustanciales de la tarea universitaria: compromiso social, formación e investigación, internacionalización, gobierno, financiación y estructura organizativa. Este proyecto fue un encargo efectuado a Sociedad y Educación por la Secretaría Técnica del Comité Académico del III Encuentro de Rectores Universia celebrado en Rio de Janeiro y desarrollado entre septiembre de 2013 y junio de 2014 (www.universiario2014.com).

 

Desde su creación, el Instituto de Estudios Educativos y Sociales, departamento de investigación de la Fundación Europea Sociedad y Educación, ha promovido una línea de trabajo con el objetivo de contribuir al debate sobre el futuro de la Universidad, mediante la reflexión compartida acerca de los retos a los que se enfrenta. Fruto de esa iniciativa nació Studia XXI, un espacio para el debate sobre políticas y estrategias universitarias que facilite propuestas encaminadas a facilitar la toma de decisiones en beneficio del interés general.

 

En palabras de la directora del departamento de investigación de la Fundación y coordinadora de ambos informes, Mercedes Esteban Villar, “nuestra contribución al debate público en materia universitaria, que se concreta en el programa de trabajo Studia XXI, parte de la convicción de que la confianza y la credibilidad en el liderazgo de las universidades tiene mucho que ver con la calidad y la cultura de cualquier sociedad. Son algo así como su biografía intelectual”.

 

 

HALLAZGOS PRINCIPALES DE CADA INFORME

 

Opiniones de los españoles sobre sus universidades: algunas perspectivas

 

Según Víctor Pérez-Díaz, “con carácter general, los hallazgos sugieren una visión solo moderadamente positiva de las universidades españolas, que quizá pueda deberse a un posible contagio por el malestar general. Sin embargo, a los ojos de la ciudadanía las universidades pueden (o deben) cambiar bastante, pues el potencial de mejora implícito en las evaluaciones del público es considerable”.

 

1. Como fin prioritario, los encuestados atribuyen a las universidades el de la formación de buenos profesionales, seguido del desarrollo de tareas de investigación e innovación.

 

2. La eficacia en el cumplimiento de los objetivos de las universidades es evaluada, por término medio, con una nota relativamente baja, del 5,5 sobre 10, que es muy parecida a la otorgada a la calidad de la enseñanza universitaria (6,1 sobre 10).

 

3. La evaluación media de la utilidad de la formación universitaria para la inserción laboral se queda en un 6,1.

 

4. La satisfacción media con sus estudios universitarios, tanto de los titulados como de los estudiantes actuales, apenas supera el 6 sobre 10. Las variaciones en dicha satisfacción están asociadas al hecho de estar sobrecualificado o no.

 

5. Los encuestados han evaluado con un 6,2 sobre 10 la preparación de los profesores universitarios para dar clase, y con un 5,7 su vocación.

 

6. Con respecto a los criterios generales para la financiación pública de la enseñanza universitaria, la opción más elegida (36,3%) es la de la gratuidad universal, pero porcentajes sustantivos prefieren la gratuidad solo para quienes no tienen medios (29,3%) o los préstamos a bajo interés para quienes carecen de esos medios (27,5%).

 

7. La opinión del público no es claramente partidaria de que las universidades públicas disfruten de autonomía en varios asuntos fundamentales de la vida universitaria. Son más los que prefieren que su modo de gobierno sea el mismo que los que prefieren que cada universidad pueda elegir el suyo. También son algunos más los que creen que el estatuto y la tipología del profesorado deben ser los mismos en todas las universidades que los que creen que cada universidad puede decidir al respecto. Tan solo en lo tocante al contenido de los programas de estudio son más los que creen en la autonomía universitaria que en la homogeneidad impuesta desde instancias administrativas.

 

8. Cerca de un 30% prefiere que se rinda cuentas ante instancias administrativas (gobierno central, comunidades autónomas), mientras que casi un 60% prefiere que se haga ante instancias sociales (estudiantes y sus familias, público en general).

 

9. La mayoría de los entrevistados (74,1%) creyó que sería beneficiosa la mayor competencia entre universidades públicas derivada de una mayor capacidad de elección de centro a escala nacional.

 

10. La mayoría (54,2%) cree que son pocas o muy pocas las universidades que cuentan con una identidad propia.

 

 

La comunidad universitaria española opina

 

Juan Carlos Rodríguez apuntó, en la presentación de las conclusiones principales, que “estudiantes, PDI y PAS parecen proclives a explorar cambios institucionales mayores, en la línea de una financiación más diversa, en la que cabe un mayor peso de la empresa privada, de una mayor autonomía universitaria, en general y en el manejo de sus recursos humanos, acompañada de una mayor rendición de cuentas ante el público en general, y no solo ante las autoridades administrativas, y de una apertura a una mayor profesionalización de la gestión en sus distintos niveles (sobre todo, los superiores). Todo ese potencial de cambio habría que entenderlo en el marco de un entendimiento de la oferta universitaria como algo diverso, que pueda atender a una demanda diversa, no solo de tipos de enseñanza, sino de combinaciones de enseñanza e investigación. Sin embargo, esas disposiciones hacia una mayor apertura coinciden con otras muestras de resistencia al cambio que pueden explicarse como ancla de seguridad y como reacción ante un entorno cambiante percibido como invasor del mundo universitario”.

 

Destacamos, a continuación, algunos hallazgos más significativos por las áreas temáticas consideradas:

 

 

Universidades comprometidas

 

1. Los encuestados coinciden con la población adulta en considerar la formación de buenos profesionales el fin prioritario de las universidades, situando, a cierta distancia, la investigación y la innovación.

 

2. Igualmente, según estudiantes, PDI y PAS, las universidades estarían cumpliendo satisfactoriamente los fines a los que los encuestados otorgan más importancia, pero podrían mejorar, pues la calificación de ese cumplimiento se sitúa entre el 5,5 y el 7 sobre 10.

 

3. La mayoría opina que el acceso a la universidad de los grupos menos favorecidos ha empeorado en la última década, probablemente teniendo en cuenta las recientes subidas de las tasas universitarias.

 

 

 

Universidades sin fronteras

 

4. Los tres públicos coinciden en que, a la hora de elegir universidad, prima la ubicación sobre la reputación. La elección solo se ve facilitada en parte por la información disponible, que recibió una puntuación cercana al 6,5 en la escala del 0 al 10. Por ello, los encuestados acogen favorablemente la publicación de informes independientes (valorados con puntuaciones cercanas a 7,5) o de rankings universitarios (con puntuaciones cercanas al 7).

 

5. Los encuestados apoyan la idea de incorporar la movilidad exterior como parte integral del plan de estudios y la de contar con profesores extranjeros (ambas con puntuaciones medias cercanas a 7,5 sobre 10). Más de dos tercios son partidarios de otorgar alguna importancia en la contratación de profesores a que hayan trabajado en el extranjero.

 

6. Los tres públicos piensan que sus universidades otorgan una importancia media (alrededor de 6,5 sobre 10) al objetivo de la movilidad de sus profesores y estudiantes. El PAS no acababa de sentirse preparado para gestionar una movilidad internacional sustancialmente mayor (puntuación cercana a 6,5 sobre 10).

 

7. De siete obstáculos a la movilidad internacional de los estudiantes, el más mencionado fue la falta de fondos. En un segundo nivel se situaron las dificultades para el reconocimiento de los estudios cursados fuera, la falta de información y las barreras lingüísticas.

 

 

 

Universidades formadoras

 

8. Los estudiantes piensan que la formación práctica ocupa, por término medio, cerca del 30% del tiempo, pero debería ocupar más del 55%. Según los profesores, ocupa un porcentaje medio cercano al 40% y debería ocupar un 50%.

 

9. La gran mayoría se mostró en desacuerdo con la idea de que se puede proporcionar buena enseñanza sin una suficiente dedicación a la investigación.

 

10. En términos de un fin específico de la enseñanza universitaria, la formación de profesionales, el profesorado otorga una puntuación media de 7 sobre 10 a la utilidad de los conocimientos adquiridos para la inserción laboral de los titulados, y los estudiantes son más críticos (6,3).

 

11. La evaluación de la calidad de la enseñanza en las universidades del encuestado es positiva, si bien solo entre profesores y PAS alcanza el notable (7,3 en ambos casos) y se queda por debajo entre los estudiantes (6,6).

 

 

 

Universidades creativas e innovadoras

 

12. En general, los encuestados piensan que las empresas y el gobierno no contribuyen mucho a la capacidad tecnológica de sus países, aunque son menos críticos con las universidades. Fijan objetivos muy ambiciosos a la hora de dedicar recursos a la investigación: más de tres quintos optan por que España aspire en una década al nivel de gasto en I+D de Suecia (3,4% del PIB). Para la mayoría, el esfuerzo para alcanzar un fin así ha de ser distribuido por igual entre el sector público y el privado.

 

13. Los profesores, según su estimación dedican a la investigación una media del 39,1% de su tiempo; a la enseñanza dedican un 38,2%; el resto se dedica a tareas administrativas. La mayoría (un 53,1%) dice dedicarse, sobre todo, a la investigación aplicada, si bien se observan las diferencias esperables según el campo de estudio (por ejemplo, la dedicación a la investigación básica es máxima en los profesores del área de ciencias naturales).

 

14. Los entrevistados asignan una prioridad mayor a la enseñanza (7/7,5 sobre 10) que a la investigación (6/6,5) en sus universidades. Estudiantes y profesores reconocen mayoritariamente que la actividad docente se beneficia mucho de la actividad investigadora.

 

15. Los profesores no parecen tener clara la conveniencia de que una parte considerable de su remuneración tenga que depender de su actividad investigadora (grado de acuerdo de 5,9 sobre 10), a pesar de que le dedican una parte sustancial de su tiempo.

 

 

 

Universidades eficientes

 

16. Los encuestados son bastante partidarios de que aumenten los fondos procedentes de los impuestos generales, de 

 

17. En cuanto a la distribución de los fondos públicos disponibles entre las universidades públicas de cada país, el criterio más favorecido es el del número de alumnos de cada universidad.

 

18.Un 90,3% del profesorado considera que la cantidad de dinero público destinada a financiar la universidad pública es insuficiente. Un 68,9% de los profesores que reclaman un mayor gasto público universitario se muestra dispuesto a pagar más impuestos para financiarlo.

 

19. Los encuestados se muestran partidarios de que las universidades gocen de una autonomía media-alta para gestionar sus recursos humanos. No les parecen adecuados los procedimientos actuales para seleccionar eficazmente al profesorado, ni en las universidades públicas ni en las privadas. Tampoco tienen muy clara la conveniencia de mantener el estatuto del profesorado de las universidades públicas como funcionarios. El acuerdo con la afirmación de que el régimen funcionarial sigue teniendo sentido es muy moderado en profesores y PAS (5,8 sobre 10), y bajo en el alumnado (4,8).

 

20. Un 41,2% de los profesores afirma haber obtenido su título de licenciado (o equivalente) en la misma universidad en la que trabaja, una cifra que es claramente superior para los profesores más jóvenes (61,9%). No está claro que los tres públicos prefieran un sistema universitario en el que los profesores tiendan a trabajar en una universidad distinta de aquella en la que se han formado.

 

21. El grado de autonomía de sus universidades, tal como lo perciben los encuestados, sería de 5 sobre 10.

                       

22. Los tres públicos opinan que, en la realidad, las cuentas se rinden, sobre todo, ante la administración pública (la menciona un 56% de los profesores), aunque no pocos creen que no se rinde cuentas ante nadie (lo ve así un 34,7% de los profesores). Los entrevistados asignan al papel real de las agencias de evaluación externas una importancia mediana o baja, claramente inferior a la que, a su juicio, deberían tener.

 

23. El acuerdo medio de los entrevistados con el modelo de gobierno de las universidades españolas apenas se acerca al 5 sobre 10. No se observa una opinión predominante respecto de si cada universidad debería poder elegir su modo de gobierno o si todas deberían tener el mismo. Las preferencias sobre los mecanismos de elección o nombramiento del rector favorecen las opciones que mayor y más directa representación permiten a estudiantes, profesores y PAS, es decir, la elección mediante un cuerpo electoral que los representa y la de un claustro en el que esos intereses también están representados. En todo caso, más allá del método de elección, tienden a pensar que el peso de los profesores en la elección del rector ha de ser alto, el de estudiantes y PAS medio o medio-alto, y más bien bajo o medio-bajo el de actores menos vinculados con la vida cotidiana de las universidades (representantes de la administración pública, de las empresas o del tejido económico y social local).

 

24. Los tres públicos albergan dudas acerca de la eficacia de la gestión de las universidades, pues estudiantes y profesores la puntúan por debajo del 5 sobre 10, y solo el PAS la califica con un aprobado, escaso (5,6). Son más los que tienden a creer que las universidades privadas son más eficaces que las públicas que los que creen lo contrario.



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